La UAM rinde homenaje a Raymundo Mier Garza
Número 510
*El filósofo y Profesor Distinguido de esta casa de estudios fue formador de maestros que han continuado su legado
*Fue cofundador del Área de Investigación Básica y Documental, espacio interdisciplinario en que convergían Filosofía, Antropología, Semiótica con Filosofía del Lenguaje, Psicoanálisis y Sociología


Colegas, familiares, amigas y amigos del doctor Raymundo Mier Garza, investigador del Departamento de la Educación y Comunicación de la Unidad Xochimilco y quien fuera Profesor Distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), se reunieron en la Sala de Consejo de esa sede para homenajear al formador de generaciones de profesionales fallecido el 18 de enero pasado.
La comunidad de la División de Ciencias Sociales y Humanidades y de la Maestría en Comunicación y Política de ese campus de la Casa abierta al tiempo escuchó los testimonios de cariño al amigo y de reconocimiento a la labor académica del lingüista y filósofo nacido en Apatzingán, Michoacán, en 1953.
Las doctoras Carmen De la Peza Casares y Lidia Fernández Rivas, así como el doctor Gabriel Araujo Paullada, investigadoras y ex investigador del doctorado en Ciencias Sociales, así como la doctora Guiomar Rovira Sancho, quien fue docente de este campus y ahora lo es en la Universidad de Barcelona, compartieron anécdotas y testimonios de las contribuciones y la personalidad del doctor en Filosofía por la Universidad de Londres.
Con muestras de profunda tristeza la doctora Rovira Sancho recordó al doctor Mier Garza como su maestro: “me sentaba en cada una de sus clases con una atención que no he podido recuperar jamás; mi libreta y mi pluma entre los dedos para escribir a la velocidad astronómica de su voz, presta a capturar algo de lo que iba a pasar, aunque sabía que jamás alcanzaría a atrapar a Raymundo”.
Dijo que el filósofo no se reverenciaba a ninguna autoridad ni a ningún autor. Iconoclasta como era “se cargaba a todos los dioses y las vacas sagradas de todas las disciplinas de la humanidad y las Ciencias Sociales. Hacía de los autores lo que se tiene qué hacer con ellos: el amor y la guerra”.
Sin duda “a los autores él los convertía en alebrijes, les extendía las patas, les reducía las pretensiones, los usaba para estirarlos más allá de sus pequeños mundos, los enlazaba en genealogías, los revolcaba y confundía para luego abandonarlos como globos de colores en medio de la clase, y quedaban ahí, flotando como bóvedas de pensamiento fecundo hasta que nos íbamos”.
En el ámbito personal, recordó la comida de despedida de la UAM que le organizaron sus compañeras de maestría. “Cuando tocaron el timbre de casa de Sylvia Gutiérrez estaba ahí Raymundo, quien me regaló el libro Palinuro de México, de Fernando del Paso, y quiero creer que ahí me despedí de él porque fue la última vez que lo vi”.
La doctora De la Peza Casares, Profesora Distinguida de la UAM, relató que conoció al homenajeado en 1970, cuando ella era estudiante de la Universidad Iberoamericana y él de Ingeniería Química en la Universidad Nacional Autónoma de México.
“Lo vi por primera vez tocando el saxofón y después de ese encuentro fugaz –que sólo adquirió relevancia cuando nos volvimos a encontrar como profesores de la licenciatura de Ciencias de la Comunicación de la UAM– Raymundo ya había cambiado la Ingeniería por la Lingüística, los estudios del Lenguaje y la Antropología Social”.
Dijo que desde el Departamento de Educación y Comunicación impulsaron juntos la creación del Área de Investigación Básica y Documental, un espacio académico interdisciplinario en el que convergían la Filosofía, la Antropología, la Semiótica y la Filosofía del lenguaje, el psicoanálisis y la sociología.
“Añado que nunca antes de la enfermedad y muerte intempestiva me puse a pensar en Raymundo como el intelectual que fue pues siempre viví nuestra amistad en el presente continuo. Hablábamos del país, de la universidad, de nuestros proyectos académicos en común, de los amores y desamores, del cuidado de los padres”, puntualizó.
La docencia era para él parte sustantiva de su compromiso político y en sus clases más que ofrecer respuestas las destruía, despertaba dudas a partir del ejercicio crítico sin concesiones, buscaba estimular la creatividad intelectual de sus estudiantes, “aunque en ocasiones también los intimidaba”. La docencia era su vida, el espacio para pensar siempre en diálogo con sus alumnas y alumnos en un vínculo estrecho y comprometido con ellas y ellos.
El doctor Araujo Paullada, investigador jubilado del Departamento de Educación y Comunicación, amigo cercano del doctor Mier Garza, recordó su gran amistad y expresó su pesar por su ausencia, “tú que después de regalarnos tu pensamiento, siempre vivo en la escritura, pero más vivo aún en la oralidad, nos entregaste tu último aliento”.
Con ese legado, continúo, “que generosamente prodigaste durante tantos años de profesor, de conferencista o dialoguista, en el marco de celebración de los 50 años de vida de nuestra Universidad, académicas y académicos de esta Maestría en Comunicación y Política nos invitan a unirnos para recordarte como un profesor insustituible e inolvidable”.
Como parte de este homenaje, la viuda del doctor Mier Garza, María del Carmen Herrera Meza, develó una placa en la sala de usos múltiples que desde este día lleva el nombre del investigador.
En la segunda mesa de este tributo también participaron las doctoras Norma Patiño Navarro, fotógrafa, y Fernández Rivas, investigadora del Departamento de Educación y Comunicación de la Unidad Xochimilco de la Casa abierta al tiempo.