Derechos Humanos, eje conductor de universidades para generar ciudadanía


Número 519


*La Unidad Azcapotzalco de la UAM organizó el Coloquio internacional Perspectiva actual de los Derechos Humanos

*Refrenda el compromiso con la promoción de la justicia, la verdad, la reparación y con la generación de conocimiento crítico orientado al cambio social



El hablar de Derechos Humanos en 2024 es, lamentablemente, “enfrentarnos a realidades complejas tanto globales como locales, tales como guerras, crisis alimentarias, violencia de género e impactos del cambio climático, problemáticas todas que exigen soluciones innovadoras y colectivas”, sostuvo el doctor Arturo Sotelo Gutiérrez, defensor adjunto de la Defensoría de los Derechos Universitarios de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En la ceremonia inaugural del Coloquio internacional Perspectiva actual de los Derechos Humanos, convocado por la Maestría en Derecho de la Unidad Azcapotzalco, reconoció que en esta lucha las universidades son fundamentales, pues su función no sólo consiste en transmitir conocimientos o realizar investigación, sino también en transformar la realidad a través del conocimiento diseminando valores positivos a la sociedad y con ello crear ciudadanía.

La UAM asume la responsabilidad de su papel como espacio de reflexión y este encuentro internacional refrenda su compromiso con la promoción de la justicia, la verdad y la reparación, aseguró al hablar en representación del doctor José Antonio De los Reyes Heredia, rector general de esta casa de estudios.

Algunos de los temas que se abordan en este coloquio, que concluye este 28 de noviembre, son los derechos de grupos vulnerables, la relación entre Derecho Penal y estos grupos, la sostenibilidad como derecho humano fundamental, que a su vez representan una muestra de cómo la academia puede contribuir a la transformación social, subrayó.

La doctora Jazmín Sánchez Estrada, jefa del departamento de Derecho, coincidió en que este encuentro representa un llamado a la reflexión profunda y a la acción colectiva “frente a los retos que nuestra sociedad enfrenta en materia de derechos fundamentales”.

En un contexto global marcado por la persistencia de desigualdades, el recrudecimiento de conflictos, las crisis sociales y ambientales, “resulta impostergable consolidar espacios donde la academia ejerza su rol transformador y refleje el compromiso con la generación de conocimiento crítico, pertinente y orientado al cambio social”, admitió.

La primera mesa fue dedicada a la memoria del doctor Ernesto Garzón Valdés, fallecido el año pasado y quien representa “una de las figuras más relevantes de la filosofía del derecho”.

El doctor Rafael Julio Pérez Miranda, investigador del Departamento de Derecho, recalcó que el homenajeado vivió en Alemania hasta su deceso el 19 de noviembre de 2023 y tuvo una relación muy estrecha con la academia mexicana en la docencia y en el ámbito laboral.

Señaló que con el doctor Rodolfo Darío Vázquez Cardozo, profesor emérito del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, fundó el Seminario García Maynez, al que invitaron a participar a la UAM, bajo la coordinación del doctor Agustín Pérez Carrillo.

Esta iniciativa dio continuidad a una sólida tradición mexicana en estas áreas y, a través de una serie de cursos y un Simposio internacional, permitió dialogar con las corrientes y pensadores contemporáneos.

En 2023 el ITAM, la UAM y el Instituto Nacional de Ciencias Penales fundaron la “Cátedra Ernesto Garzón Valdés”, que ha dado una “vasta producción académica y bibliográfica”.

En la conferencia Derechos Humanos. Homenaje a Ernesto Garzón Valdés, el doctor Vázquez Cardozo externó que conoció al galardonado en 1989 durante la celebración de un congreso nacional de Filosofía celebrado en Xalapa, Veracruz.

Recordó que, con motivo de su nombramiento como Profesor Honorario por la Universidad de La Rioja, en Argentina, “Ernesto resumió una razón pedagógica para explicar por qué estaba ahí”, y lo hizo en lo que llamó Diez mandamientos.

El primero consiste en no confundir oscuridad con profundidad, porque eso no es la Filosofía y describió citando al profesor recordado: “Si algo he aprendido de mis lecturas de los grandes filósofos, es que la Filosofía no es la exposición oscura de los problemas que pueden ser formulados claramente. Hay que retomar en serio la claridad y la coherencia. Claridad no es sinónimo de trivialidad y quienes confunden oscuridad con profundidad, posiblemente olvidan que la solución de un problema tiene finalmente un cierto matiz de simplicidad”.

Otro de los mandamientos es “no sucumbir a la tentación de la retórica”. Enunciados altisonantes, simplistas y polarizantes son gritos de batalla que denotan la retórica de los gobernantes populistas y el peligro en el que puede expirar la propia educación cuando el voluntarismo de estos líderes pretende cooptar la enseñanza básica, con pretensiones de injerencia también en la enseñanza media y superior.

La mera retórica y el poder de las palabras –como decía Sócrates– no deben prevalecer, apuntó y citó nuevamente al doctor Garzón Valdés: “Hay que preferir la sobriedad a la aprobación o al rechazo emocionalmente provocado. El criterio de la aclamación científica no es la aclamación. La persuasión suele ser una de las formas más sutiles del autoritarismo, ya que aspira a la imposición heterónoma de convicciones que termina aceptando el persuadido sin tener conciencia de la génesis de aquellos”.

Una más, de las diez disposiciones expuestas por Garzón Valdés, es “no utilizar la cátedra para la indoctrinación”. No hay que confundir la libertad de cátedra con ésta, pues “cuando ello sucede se tiende a convertir las propias convicciones –religiosas o políticas– en aseveraciones que pretenden validez universal, sin otra justificación que la apelación a estas mismas opiniones”.

Así, la indoctrinación suele ser uno de los recursos preferidos de los fanáticos y el fanatismo, continuó el doctor Rodolfo Vázquez, “hace su aparición cuando se adopta una actitud de superioridad moral, de conformidad y uniformidad que termina demandando un culto a la personalidad”.

Vázquez Cardozo retomó al escritor israelí Amos Oz para señalar que entre los antídotos contra el fanatismo destacan: “inyectar imaginación y creatividad a través de la lectura, aprender a gozar de la diversidad en la otredad de los demás”, y sobre todo el sentido del humor que “puede permitirnos mitigar nuestros impulsos de dominar y poseer, para así contemplar las cosas libres de las compulsiones del apetito y de la necesidad”.

Otros mandatos son “no ceder a la tentación de formular profecías en las ciencias sociales”; “no creer en la felicidad de las tautologías y en el carácter inofensivo de las contradicciones”; “no cultivar el dogmatismo”; “no hacer un uso autoritario de la cátedra”; “no creer en el principio según el cual todo da lo mismo”; “no relativizar los valores hasta el punto de que, al final solo quede el solipsismo”, y “no creer en el carácter nacional de la ciencia”.

El doctor Rodolfo Vázquez comentó con humor que el propio doctor Garzón Valdés fue el primero en reconocer haber violado uno a uno los mandamientos propuestos, pero “como suele ocurrir cuando se admite la violación de algunas normas morales, lo único que cabe esperar son excusas y en el caso de que no basten y no se quieran perdonar los pecados académicos cometidos, sólo resta invocar, como último recurso, la frase final de una película inolvidable: nobody is perfect”.

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