Ante la crisis hídrica, es momento de actuar y reflexionar
Número 163
En el Día Mundial del Agua llaman a tomar medidas para garantizar el acceso a futuras generaciones

El cuidado del agua es más importante que nunca frente a la crisis hídrica actual a fin de garantizar la preservación de este recurso esencial, afirmó Juan Manuel Garduño Mora, profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Es necesario reconocer nuestra historia, crear consciencia e implementar acciones de cara al futuro, para garantizar acceso al vital líquido, señaló en torno al Día Mundial del Agua, que a iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se conmemora cada 22 de marzo como una forma de concientizar sobre el cuidado de los recursos hídricos a nivel mundial.
El investigador señaló que esta fecha nos invita a reflexionar sobre los problemas que se dan en torno a este recurso, para entender que no se trata simplemente de abrir la llave, llenar nuestros depósitos y tener un acceso ilimitado. “El Día Mundial del Agua es para preocuparse y, sobre todo, para ocuparse. Para reflexionar sobre cómo cuidarla y mantenerla”, abundó.
Garduño Mora explicó que, para entender el tema hídrico en la metrópoli, es necesario conocer la estructura de la cuenca del Valle de México, una región geográfica que incluye la Ciudad de México y 16 municipios de Hidalgo, Tlaxcala y el Estado de México.
Agregó que esta región —con una superficie total de más de 16 mil kilómetros—, se compone de las Sierras de Guadalupe, de las Cruces y la de Chichinautzin, es una cuenca endorreica; es decir, es cerrada y no tiene salida hacia el mar.
“En la época prehispánica toda la zona sur de la cuenca y pueblos como Chalco, Mixquic, San Gregorio, Tulyehualco y Xochimilco, eran chinamperos. Esta agua era dulce, pero, cuando bajaba a Tenochtitlan, provocaba problemas de inundaciones. Fue hasta 1449 que se empezó a construir el dique Nezahualcóyotl, una obra de ingeniería que permitió que el líquido desembocara en el lago de Texcoco”, refirió.
Refirió a Norma Angélica Castillo Palma, que en el libro Cuando la ciudad llegó a mi puerta, señala que fue hasta después de la Conquista, con la destrucción del dique, que se presentaron nuevamente problemas de desbordamiento e inundaciones en la ciudad, como la que se vivió en septiembre de 1629 y que duró casi cinco años.
Posteriormente, dijo, con la creación de haciendas como la de Xico y el lago de Chalco, inició un proceso de desecación, que provocó la desaparición del paisaje lacustre de la zona, la extinción de flora y especies endémicas, así como una transformación radical de los ecosistemas.
De acuerdo con el especialista, en la metrópoli se siguió un sistema heredado por la Colonia, que tiene que ver con un modelo depredador en el que hay una falta de empatía hacia nuestro entorno, bajo la creencia de que podemos explotar los recursos naturales de manera ilimitada, usando el agua, tirándola y no infiltrándola nuevamente en el subsuelo.
Así, una tala de árboles desmedida, la sobreexplotación del suelo y otras acciones dieron como resultado que los manantiales y los mantos acuíferos se secaran, por lo que dejó de haber agua en las montañas que rodeaban la cuenca y gradualmente comenzó la escasez del líquido en la metrópoli.
“Por un lado, sacamos el agua y trajimos agua de otras cuencas. Como consecuencia, la ciudad se empezó a hundir porque el suelo no recibía la humedad que antes tenía […] Asimismo, se empezaron a secar los ríos y la gente vio en ellos vías de drenaje, así como un lugar para tirar su basura y desechos, un daño que fue irreversible” puntualizó durante su participación en la emisión de AguaCERO, transmitido por UAM Radio 94.1 FM.