Hacia una universidad pública más resiliente: innovación, reflexión y compromiso
Número 194
Especialistas abordan el tema durante la Jornada sobre la Carrera Académica y Transición hacia las Áreas Académicas de la UAM


En tiempos de incertidumbre, reflexionar sobre el sentido social de la universidad pública se torna imperativo, ya que estas instituciones juegan un papel cada vez más relevante en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y resiliente, sostuvo Luis Montaño Hirose, profesor de Estudios Organizacionales de la Unidad Azcapotzalco.
Refirió que, en una era de creciente incertidumbre y cambios tecnológicos vertiginosos, las nuevas generaciones requieren un modelo educativo que pueda responder a las trasformaciones sociales, económicas, ambientales y culturales.
Al participar en la Jornada sobre la Carrera Académica y Transición hacia las Áreas Académicas de la UAM. Reflexiones sobre su implementación y expectativas para los próximos 20 años, espacio de reflexión colectiva sobre los marcos que estructuran el trabajo cotidiano y las proyecciones de la Casa abierta al tiempo, el académico habló sobre la necesidad de generar reflexiones profundas sobre el papel y la identidad de esta Institución, como baluarte de la formación crítica y motor del desarrollo social.
En este espacio también se desarrolló un homenaje al investigador Romualdo López Zárate, por sus contribuciones a la Universidad y la sociedad.
“La universidad pública, históricamente reconocida como un espacio de generación de conocimientos, educación y movilidad social, debe reafirmar su misión y acrecentar su capacidad para fomentar el pensamiento crítico, la investigación de alto impacto y la formación de ciudadanos comprometidos”, expresó Montaño Hirose.
El doctor en Ciencias de las Organizaciones por la Universidad de París IX-Dauphine, Francia, explicó que esta misión puede verse amenazada por modelos que, al enfatizar la eficiencia y la competitividad, tienden a reducir la amplitud del debate académico a indicadores cuantitativos y estímulos económicos.
Sostuvo que, si bien es cierto que dichas evaluaciones y estímulos pueden ser herramientas valiosas para mejorar la calidad educativa y de investigación, su diseño y aplicación debe revisarse cuidadosamente para evitar que se conviertan en fuentes de sesgo sobre carga administrativa y deterioro del valor académico.
“Si la evaluación se centra casi exclusivamente en indicadores cuantitativos y en estímulos económicos se corre el riesgo de favorecer una motivación extrínseca, es decir, basada en recompensas que, aunque pueden generar resultados a corto y mediano plazo, debilita la genuina vocación que es esencial para el desarrollo y transmisión de un conocimiento, profundo, complejo y trasformador”, abundó.
Frente a ello, dijo, es imperativo que la universidad pública adopte un enfoque que integre la evaluación de los académicos dentro de un programa más amplio de cultura organizacional y encontrar un equilibrio que fomente tanto la excelencia como la eficiencia en la producción de conocimiento, sin sacrificar la integridad de los académicos y su compromiso colectivo.
En su intervención, Romualdo López Zárate, del Departamento de Sociología de la Unidad Azcapotzalco, recordó. que el Tabulador para el Ingreso y Promoción del Personal Académico (TIPPA) fue uno de los instrumentos más revolucionarios y creativos de los años ochenta del siglo pasado, con propósitos claros como reducir el grado de discrecionalidad de las comisiones dictaminadoras en la valoración de las actividades académicas, privilegiar la valoración de la actividad de investigación y ofrecer un camino claro para desarrollar una carrera académica atractiva.
Afirmó que, aunque en poco más de 30 años de aplicación este tabulador se ha convertido en un referente aceptado, valorado y defendido por buena parte de los académicos, existen aspectos que deber revisarse y actualizarse, de cara a los cambios que se han dado en la propia institución y en la carrera de docencia en el ámbito nacional.
El especialista en políticas públicas para la educación superior señaló que, si bien se ha evidenciado que el sistema de becas y estímulos ha tenido efectos positivos, también se deben considerar algunos de sus impactos negativos, entre ellos, un desdén a la función de enseñanza a nivel de licenciatura, una creciente desvinculación de la docencia con la investigación y la tendencia al trabajo individual y no vinculado a los planes y programas institucionales.
“La evaluación de los productos académicos es sin duda un pilar esencial en el sistema de aseguramiento de la calidad en las universidades, sin embargo, cuando esta se lleva a través de comisiones internas, surgen múltiples problemas que pueden distorsionar el verdadero valor de la institución y la docencia […] La universidad, sus académicos y su colegio, tienen una tarea ingente, urgente y creativa: repensar la forma de pensar la valoración del trabajo académico individual y colectivo con una visión a largo plazo”.
El doctor López Zárate concluyó que, a lo largo de sus 50 años, la UAM ha demostrado su pertinencia social, cultural y educativa, por lo que se dijo convencido de que podrá hacer mucho más si se desprende de lo que limita y constriñe la alta calidad de su personal académico, lo que le permitirá diseñar un futuro más promisorio.