Tacubaya mira al pasado para imaginar su futuro


Número 293


La 12ª Tertulia, realizada en la Casa del Tiempo de la UAM, revive la historia de Parque Lira y celebra el legado de Luis Barragán

En estos lugares de encuentro ciudadano, la oralidad, el arte y la reflexión se conjugan para imaginar una metrópoli más humana


Tacubaya, una de las zonas más antiguas de la Ciudad de México, volvió a ser escenario de encuentro, memoria y reflexión durante la 12ª Tertulia organizada por el colectivo Vaya Tacubaya. El evento, titulado De calles, caminos y playas, reunió a vecinos, investigadores, arquitectos y artistas en la Casa del Tiempo de la UAM, con el objetivo de rescatar la historia local y proponer formas de imaginar un mejor porvenir urbano.

La tertulia se centró en la historia de la Avenida Parque Lira –conocida como Parque Villa–, una vialidad clave para comprender el desarrollo urbano del poniente capitalino. A través de mapas antiguos, fotografías y testimonios, la arquitecta Daniela Osorio presentó una cronología que conectó los caminos prehispánicos con la modernización del siglo XX, marcada por el avance del automóvil y la fragmentación del tejido urbano.

“La ciudad del auto nos hizo perder la calle como sitio de encuentro”, comentó Osorio. Su presentación fue resultado de un taller vecinal realizado meses atrás, donde vecinos de Tacubaya compartieron recuerdos de infancia, vivencias familiares y reflexiones sobre el deterioro del espacio público. “Activamos la memoria para pensar en cómo recuperar la metrópoli como un lugar habitable para todos”, explicó.

La historia de Parque Lira –que alguna vez fue una vía de tránsito local con banquetas empedradas y líneas de tranvía– es la historia de cómo la modernización afectó a los barrios tradicionales. A lo largo del siglo XX, su traza fue ensanchada, alterada y absorbida por proyectos de infraestructura mayor, como el Viaducto y el Periférico; sin embargo, aún guarda huellas de su esplendor, como la Casa de la Bola, uno de los pocos inmuebles históricos que sobrevivió a la transformación vial.

La actividad no solo se centró en la historia urbana, también incluyó un emotivo recital a cargo del músico Matías Carbajal y la soprano Eugenia Ramírez, quienes interpretaron piezas de música barroca y del siglo XIX y XX, sumando una dimensión artística a la reflexión colectiva.

Uno de los momentos más destacados fue la intervención del arquitecto Raúl Hernández, miembro del colectivo, quien presentó una propuesta para nombrar una plaza en honor a Luis Barragán, uno de los arquitectos más importantes del siglo XX y figura profundamente vinculada con Tacubaya.

Barragán, ganador del Premio Pritzker en 1980, vivió y trabajó en el barrio. Su Casa-Estudio, hoy Patrimonio Mundial por la UNESCO, se ubica en la calle General Francisco Ramírez; allí concibió muchas de sus obras, influenciadas por el paisaje, la luz y los colores de la zona. A unas cuadras se encuentran otras dos construcciones significativas: la Casa Jardín Ortega y la Casa Gilardi, ambas diseñadas con su característico lenguaje arquitectónico que fusiona modernidad, espiritualidad y tradición mexicana.

“Tacubaya fue su laboratorio. Aquí experimentó con jardines, patios, colores y texturas. Sus casas no eran solo viviendas, eran sitios para habitar el silencio y la contemplación”, dijo Hernández. La propuesta busca nombrar una plaza cercana al Metro Tacubaya como “Plaza Luis Barragán” y convertirla en un nodo cultural donde se desarrollen actividades vecinales, artísticas y educativas. El proyecto ya ha sido presentado ante autoridades de cultura y nomenclatura del gobierno capitalino.

El colectivo Vaya Tacubaya subrayó la relevancia de este espacio como símbolo del talento artístico local. “Tenemos escultores, pintores, músicos, investigadores. Esta plaza puede ser un escaparate para lo que los vecinos crean y sueñan”, añadió Hernández.

La tertulia dejó claro que la historia no es un asunto del pasado, sino una herramienta para construir futuro y recuperar la historia de las calles, como la de Parque Lira; permite entender cómo las decisiones urbanas afectan la vida cotidiana y cómo, desde lo comunitario, pueden surgir propuestas para mejorar el entorno.

“Conocer, amar y cuidar” fue una de las frases con las que cerró Osorio, recordando que todo aquello que se conoce se valora, y todo lo que se valora puede ser protegido, y en ese espíritu, el colectivo reiteró su compromiso de seguir organizando estos lugares de encuentro ciudadano, donde la oralidad, el arte y la reflexión se conjugan para imaginar una metrópoli más humana.

En un contexto donde muchas zonas de la capital enfrentan el olvido institucional o los efectos de la gentrificación, Tacubaya demuestra que la organización vecinal puede marcar la diferencia. Las tertulias, que ya suman una docena, son prueba de ello: una zona donde el pasado ilumina caminos posibles para el porvenir.

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