El suelo sostiene y da el sustrato a la vida en la superficie del planeta
Número 447
Se trata de una capa sumamente compleja y heterogénea donde se dan interacciones fundamentales para la vida
Sara Lucía Camargo Ricalde, investigadora de la UAM, participó en el ciclo de conferencias Lunes en la ciencia

La superficie del planeta es una entidad sumamente compleja, heterogénea, “a la que debemos tratar como un ente vivo”, puesto que ahí tienen lugar una serie de interacciones importantes para la vida en el planeta, sostuvo la doctora Sara Lucía Camargo Ricalde, investigadora del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El suelo. Un universo que apenas estamos descubriendo fue el título de la conferencia que la especialista en Biología de leguminosas y en hongos micorrizógenos arbusculares impartió en la Unidad Iztapalapa de la UAM, como parte del ciclo Lunes en la ciencia, durante la cual expuso que la superficie terrestre “da sostén, da el sustrato de la vida y sin él no habría vida superficial en este planeta”.
Explicó que su formación tiene que ver con “esa roca madre que puede ser de tres tipos: volcánica, sedimentaria o metamórfica”; son tres tipos de roca que lógicamente tienen compuestos diferentes. Esta roca madre se descompone y se convierte por la acción de factores climáticos, biológicos y de relieve.
El clima actúa con los minerales “provocando erosión o intemperismo en esa roca madre que se empieza a disolver y empieza a crear estratos. El tiempo es importante porque “un suelo no se va a generar en un par de años; estamos hablando de millones de años o inclusive puede llevar miles de millones de años”.
Poco a poco se empieza a formar, aparecen algunas plantas, musgos, líquenes y se crea toda esta capa que llamamos suelo y de la vida que ahí se genera, y donde habitan ácaros, bacterias, hongos, actinomicetos, nemátodos, anélidos y pequeños mamíferos, como roedores, topos, entre otros, en “un proceso de sucesión de la vegetación”.
Tras señalar que el estudio del suelo es muy importante para la vida en nuestro planeta y, por tanto, para el ser humano, dijo que México es conocido por ser un país megadiverso, “consecuencia de la diversidad climática derivada de la actividad geológica”.
La doctora Camargo Ricalde reiteró que “tenemos que estudiarlo justo porque nosotros nos encontramos en esta parte aérea del suelo y comemos, nos nutrimos de mucho de lo que está sobre él y vivimos sobre lo que está en esa superficie”.
Sobre sus líneas de investigación, indicó que radican en el estudio de la biología y la ecología de arbustos y árboles en ecosistemas áridos y semiáridos, principalmente de género mimosa.
En la parte de ecología “trabajamos mucho las interacciones y asociaciones mutualistas; es decir, con la dinámica y efectos de la asociación micorrízica arbuscular y con las costras biológicas del piso, así como con “la ecología de suelos con ciclos biogeoquímicos y de la dinámica de la microbiota de la superficie, relacionada con el establecimiento y la formación de islas de recursos constituidas por mimosa, lo que tiene que ver con la conservación y manejo de la biodiversidad y del área de restauración ambiental.
Para aterrizar la parte conceptual del suelo y cómo llevarla a una investigación como tal, “tendríamos que pensar en cuatro aspectos fundamentales: el clima, la topografía, el espacio y el tiempo”, pues hay toda una heterogeneidad espacial y temporal relacionada con el agua y los nutrientes de la superficie, dado que vivimos en un planeta donde hay estacionalidad, una temporada de seca, una temporada de lluvias y, por lo tanto, las reacciones que podemos tener con lo que encontramos en el piso y en las plantas son diferentes”.
Camargo Ricalde afirmó que en su caso se especializa en los ecosistemas áridos y en cómo éstos reaccionan o cómo se han adaptado a estas condiciones ambientales.
Refirió que las mimosas forman islas de recursos, toda vez que “estos arbustos o pequeños árboles van a modificar las condiciones del suelo que encontramos bajo su copa; cambian, por ejemplo, la temperatura, la entrada de luz y al estar depositando constantemente materia orgánica, también cambian las condiciones del terreno, y entonces llegan más plantas, se establecen otros microorganismos que dependen de estas plantas y se retoman los ciclos como el del carbono, de la materia orgánica, del nitrógeno, del fósforo”.
“Cualquier planta puede establecer islas de recursos, y aquí es interesante ver, a nivel de una familia de plantas, que son leguminosas, fijadoras de nitrógeno, lo que enriquece este tipo de superficies”, subrayó.
Por último, puntualizó que estas islas de recursos finalmente “nos van a ayudar en un ambiente natural a la conservación de la biodiversidad y del mismo suelo”.