Ponen de manifiesto el poder de la escucha sonora
Número 495
Los sonidos pueden ser una forma de expresar nuestra identidad cultural, social y personal, explicaron en la Casa Rafael Galván de la UAM
Integrada como práctica de meditación, posibilita un camino eficaz para reducir el estrés y promover un estado de bienestar general


En el marco de la Semana Mundial de la Escucha se llevó a cabo la Sesión de Escucha, en el centro cultural y académico Casa Rafael Galván de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), una iniciativa que promueve el World Listening Project, donde se suscita la comprensión de la naturaleza, las sociedades y la cultura mediante el sonido.
Dicha sesión fue presentada por Daniela Solís y Samantha Canchola, de la plataforma “Nuube”, en la que se realizaron ejercicios de meditación dirigidos por Alejandra Acosta Chávez, artista visual, con el objetivo de canalizar la energía en la escucha atenta, al tiempo de presentar trabajos y compilados.
La iniciativa del World Listening Project, es un proyecto que permite comprender el mundo y su entorno natural, sociedades y culturas a través de la práctica de percibir. Al promover la sesión activa y la ecología acústica, “se crea una conciencia sobre la importancia del sonido en nuestras vidas y su papel en la configuración de nuestra comprensión del mundo”, indicó en entrevista Daniela Solís.
Describió que Nubbe, es una plataforma dedicada al arte sonoro, especialmente enfocada en mujeres y prácticas multidisciplinarias, gestiona encuentros, talleres y performances, explorando la escucha afectiva y la creación sonora desde una perspectiva autogestiva y experimental.
Solís explicó que la escucha afectiva, implica una dimensión reflexiva, pues no solo se trata de oír con atención, sino de sentir y conectar con el sonido, reconocer sus tonos, emociones y contextos. Esta percepción no solo se limita al oído, sino que se extiende a todo el cuerpo, generando una experiencia sonora holística y transformadora.
Su importancia radica en fomentar la creación de vínculos más fuertes y significativos entre las personas, promueve la empatía, bienestar, el entendimiento mutuo y la validación de experiencias. En el ámbito de la creación sonora, permite comprender mejor las intenciones y emociones detrás de las obras, resaltó.
En esa línea, Canchola señaló que “el sonido tiene múltiples formas de presentarse, todas merecen apreciación, la escucha y su naturaleza supera cualquier interés, lo que hacemos nos conecta en un nivel espiritual y energético, somos constructoras de nuestra propia voz y memoria”.
Los sonidos de la vida diaria se sumergen en una especie de ilusión aural que nutre de información selecta para moverse en el hábitat. La escucha es un proceso activo que permite oír a larga distancia e incluso traspasar ciertas barreras físicas que el ojo no puede, por lo que se puede decir, que la realidad depende de lo que se oye, es un cúmulo de resonancias que puede revelar hasta la característica más pequeñas en un entorno de múltiples capas, destacó.
También refleja la pertenencia a ciertos grupos sociales. “La música que elegimos, los géneros que preferimos, los artistas que seguimos, todo esto puede ser una forma de identificarnos con un grupo social específico”.
Refirió sobre la “Escucha Profunda” (Deep Listening) de Paulina Oliveros, compositora norteamericana, quien acuñó el término con base en los principios de improvisación de la música, ritual, enseñanza y meditación, una forma de reflexión con la atención dirigida hacia la interacción de sonidos y silencios.
Canchola explicó que oír es la acción física de percibir sonidos, mientras que escuchar implica prestar atención a lo que se oye, tanto a nivel acústico como psicológico. En resumen, el primero, es un proceso involuntario y básico de percepción sonora; el segundo, requiere atención y procesamiento consciente de la información.
En ese sentido, la oída profunda significa aprender a expandir la percepción de los sonidos para incluir todo el conjunto espaciotemporal de los mismos y enfrentar su inmensidad y complejidad tanto como sea posible; “es un sentido vital que nos permite interactuar con el mundo, aprender, conectar con los demás y disfrutar de la vida en múltiples niveles”, concluyó.
Al finalizar la sesión, se pudo observar una notable sensación de calma y relajación en los participantes. La escucha sonora, integrada como práctica de meditación, demostró ser un camino eficaz para reducir el estrés y promover un estado de bienestar general.