Juventudes diversas: una mirada desde la sociología de la UAM


Número 510


Alfredo Nateras Domínguez, académico de la Unidad Iztapalapa, destaca la importancia de las juventudes en la construcción de un México más justo y plural

El 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, que reconoce el papel activo de los jóvenes en el cambio social

La resolución 2250 de la ONU posiciona a este sector de la población como actores clave en la construcción de paz y seguridad global, un tema que interpela también a las universidades



Cada 12 de agosto se conmemora el Día Internacional de la Juventud, una fecha establecida por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para visibilizar los desafíos que enfrentan personas jóvenes en todo el mundo, así como para reconocer su papel como agentes de cambio social. En México, esta conmemoración adquiere una relevancia particular en un contexto marcado por profundas desigualdades, violencias estructurales y una creciente precarización de la vida de este sector de la población.

Esta fecha debe ser una oportunidad para celebrar y, en especial, para reflexionar críticamente sobre el país que hemos construido y el lugar que ocupan las juventudes en él, indicó el doctor Alfredo Nateras Domínguez, académico del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y uno de los principales referentes en estudios sobre jóvenes en América Latina.

Desde su mirada sociológica, sostuvo que para pensar a México es indispensable reflexionar sobre sus juventudes, y viceversa: para comprenderlas, es necesario mirar el país que les ha tocado habitar.

“Son uno de los sectores sociales más significativos de la sociedad contemporánea, no solo por su peso demográfico, sino por su capacidad de revelar las contradicciones más profundas del sistema. En un país donde más de 120 millones de personas conviven con altos niveles de pobreza, violencia, exclusión y desigualdad, los jóvenes son quienes más padecen estas condiciones”, apuntó en entrevista.

Refirió que uno de cada tres jóvenes en el país vive en situación de pobreza, y son ellos quienes enfrentan mayores tasas de desempleo, salarios más bajos y condiciones laborales precarias. “Las mujeres jóvenes, además, enfrentan una doble desigualdad por razones de género, lo que se traduce en menores oportunidades, mayor vulnerabilidad y una exposición constante a la violencia”.

El Día Internacional de la Juventud fue establecido por la Asamblea General de la ONU como una oportunidad para visibilizar los desafíos que enfrentan y reconocer su papel en el desarrollo de las sociedades.

Como parte de esta iniciativa, la Asamblea recomendó la realización de actividades de información pública para promover el Programa de Acción Mundial para los Jóvenes, adoptado en 1996, el cual establece prioridades en áreas clave como educación, empleo, salud y participación.

Además, la resolución 2250 del Consejo de Seguridad de la ONU, sobre Juventud, Paz y Seguridad, marcó un hito al reconocer la importancia de incluir a ese grupo en los esfuerzos globales por la paz y la prevención del extremismo. Este documento los posiciona no solo como beneficiarios de políticas, sino como actores clave en la construcción de sociedades más justas, seguras y sostenibles.

Juventudes diversas en un país desigual

Nateras Domínguez enfatizó que no existe una sola forma de ser joven. “Las juventudes son múltiples, heterogéneas y profundamente desiguales. No es lo mismo serlo en una zona urbana que en una comunidad indígena; no es igual ser de clase alta que de sectores populares. Como categoría social, está atravesada por la clase, el género, la etnicidad, el territorio y la orientación sexual”.

Esta diversidad, continúa, debe ser reconocida para evitar caer en generalizaciones que invisibilizan las experiencias particulares de millones de habitantes en este periodo de vida. “En este sentido, la juventud no es una etapa homogénea ni universal, sino una construcción social que refleja las tensiones y disputas del contexto en el que se inscribe”.

Contrario a la idea extendida de que este sector es naturalmente progresista, el especialista advirtió que una parte significativa de ellas mantiene posturas conservadoras. “En México y América Latina, entre el 60 y el 63 por ciento siguen siendo conservadoras, lo cual se refleja en su postura frente a temas como la diversidad sexual, los derechos reproductivos o la participación política”.

Esta tendencia se ha manifestado en procesos electorales recientes, como el ascenso de figuras de ultraderecha en Argentina, Brasil o Estados Unidos, donde sectores juveniles han respaldado proyectos autoritarios y excluyentes. “Ese conservadurismo no es nuevo, pero ha adquirido nuevas formas y rostros, algunos de ellos abiertamente neofascistas”.

La brecha digital marca profundas desigualdades: de los casi 38 millones de jóvenes en México, solo la mitad tiene acceso a un teléfono celular, y menos aún a Internet. “Esta exclusión tecnológica limita sus posibilidades de participación, formación y expresión en un mundo cada vez más digitalizado”.

“Las tecnologías de la información y la comunicación han transformado las maneras de socialización, afectividad y organización juvenil, además de que han profundizado las brechas entre quienes tienen acceso y quienes no”, destacó.

Cuerpos, afectos y expresiones políticas en el espacio público

El doctor Nateras Domínguez reconoció que muchas juventudes son protagonistas de luchas sociales, culturales y políticas. “Desde el movimiento #YoSoy132 hasta las movilizaciones feministas del 8 de marzo, pasando por las marchas del orgullo LGBTIQ+ y las protestas contra la violencia de género, este sector de la población ha tomado las calles con creatividad, indignación y esperanza”.

Los rostros del descontento social son, en muchos casos, rostros jóvenes, y especialmente femeninos. “Estas expresiones se manifiestan en el arte urbano, el graffiti, los performances y las corporalidades que ocupan el espacio público”.

Asimismo, los afectos como la rabia, el dolor y la indignación, son modos de acción política que deben ser comprendidos en clave cultural. “La política, no solo se expresa en los partidos o las instituciones, sino en los cuerpos, en las emociones, en las formas de habitar el espacio”.

En este contexto, el papel de las universidades es fundamental. “La UAM, como institución pública, tiene la responsabilidad de formar no solo profesionistas, también ciudadanos críticos, comprometidos con su entorno”.

Al respecto, reconoció avances significativos, como la creación de protocolos contra la violencia de género, la apertura de espacios más inclusivos para la diversidad sexual y el fortalecimiento de una cultura de derechos. Sin embargo, hay desafíos pendientes, como la falta de espacios culturales abiertos y la influencia de intereses políticos externos.

La Universidad, afirmó, no está exenta de las pugnas y contradicciones que atraviesan al país. Lo académico también es político y, por ello, es necesario construir una ciudadanía estudiantil activa, capaz de ejercer y defender sus derechos.

Entre la dispersión y la omisión

Respecto de las políticas públicas dirigidas a este sector, el diagnóstico es crítico. El Instituto Mexicano de la Juventud, que debería ser el principal gestor de ellas, ha perdido protagonismo y recursos. Los gobiernos, tanto en México como en América Latina, han dejado de invertir en políticas para esa población, priorizando otras agendas.

Las políticas públicas de juventud están muriendo por inanición y lo más grave es que no se evalúa su impacto real. Se implementan programas, se reparten recursos, se organizan talleres, pero no se sabe si hubo cambios reales en las condiciones de vida, en las oportunidades o en sus trayectorias.

A pesar del tono crítico, Nateras Domínguez reconoció que muchas juventudes no son pasivas, gestionan sus propios espacios, crean economías solidarias, impulsan proyectos culturales y construyen alternativas desde la autogestión.

“La Universidad debe ser un espacio para aprender a ser joven, para construir pensamiento crítico, para ejercer la ciudadanía. El aquí y ahora es lo más importante. Y en ese presente, las juventudes tienen mucho qué decir, qué hacer y qué transformar”.

En el marco del Día Internacional de la Juventud, la UAM celebra a su alumnado, reconoce su papel fundamental en la construcción de un país más justo, plural y democrático. “Porque pensar en los jóvenes no es solo pensar en el futuro: es, sobre todo, pensar en el presente que compartimos y en el país que queremos construir colectivamente”, finalizó.

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