Perspectiva de géneros, fundamental en el abordaje de las problemáticas ambiental, política, económica y sanitaria
Número 537
Especialistas de la UAM presentaron el libro Crisis de la reproducción social. Debates en el siglo XXI
La desigualdad del sistema capitalista profundiza las vulnerabilidades de grupos históricamente marginados

El feminismo ha hecho contribuciones fundamentales para entender la reproducción social no solo como el trabajo reproductivo que permite la acumulación de capital, sino que incorpora toda labor necesaria para el mantenimiento de las sociedades y realizan principalmente las mujeres, como el cuidado de las personas, sostuvieron las doctoras Esther Morales Franco y Marcia Leite, académicas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El sistema capitalista ha erosionado profundamente los acuerdos de la vida en sociedad, “lo que nos expone a un sistema de vulnerabilidades que van más allá de las relaciones económicas y mientras no se entiendan sus alcances, no vamos a poder avanzar hacia una sociedad mejor”, señalaron en entrevista las académicas del Departamento de Estudios Institucionales de la Unidad Cuajimalpa.
Ambas especialistas coordinaron el libro Crisis de la reproducción social. Debates en el siglo XXI, editado por esta casa de estudios en el que autoras y autores abordan el carácter multidimensional que patentiza la interconexión e integración de las crisis ambiental, política, económica y sanitaria, entre otras del mundo actual.
Las investigadoras destacaron que la perspectiva de género es fundamental en el abordaje de estos trances, pues temas como las políticas públicas, los sistemas de cuidado, los esquemas de remuneración y la creciente privatización de sistemas públicos, exponen “las estructuras de desigualdad que profundizan las vulnerabilidades de grupos históricamente marginados en el desarrollo humano”.
La doctora Marcia Leite explicó que la noción de reproducción social es un concepto marxista y se refiere “a todas las actividades realizadas dentro del capitalismo, las cuales hacen que la sociedad siga evolucionando para la multiplicación del capital”.
Karl Marx tenía conciencia de que la reproducción social también existe fuera del trabajo productivo, pero no lo investiga ya que toda su investigación estuvo dirigida al trabajo que permite la acumulación.
El concepto es, en ese sentido, una teoría retomada recientemente por las ideólogas feministas, quienes indican que no es solamente el trabajo productivo el que permite la acumulación de capital, sino todo aquel necesario para el mantenimiento de las sociedades, como lo es el trabajo del cuidado de las personas.
Se trata de actividades que “sirven para mantener a las nuevas generaciones”; es decir el trabajo de tener hijos, de educarlos, de cuidar a la familia y de que al día siguiente el esposo se presente en su empleo.
“Este trabajo, en el capitalismo, es realizado por las mujeres, sin ninguna forma de recompensa; por tanto, el hecho de que no sean remuneradas está en la base de la dominación sobre las féminas”.
La gran contribución que trae la teoría es que el capital no solamente necesita del trabajo que se hace todos los días en las empresas que producen mercancías, también necesita de lo que hacen las mujeres en sus en sus casas, en sus comunidades y que, por cierto, “la economía clásica ni siquiera le consideraba como trabajo”.
Morales Franco enfatizó que la labor de las feministas ha sido fundamental para visibilizar no solamente el trabajo de las mujeres que garantizan que al día siguiente la mano de obra se presente, sino además sitúa una mirada diferente a las estructuras de dominación de carácter de género”, porque el sistema productivo capitalista, que mercantiliza todo tipo de relaciones sociales y económicas, no lo hace con la aportación femenina en esta contribución al mundo social “que ocurre en la vida más íntima, más privada de la sociedad”.
Coincidieron en que este arreglo o modelo de familia del hombre proveedor y la mujer cuidadora funcionó hasta los años 70 del siglo pasado, pero “empezó a no funcionar”, porque ellas, ante la precarización tuvieron que empezar a entrar en el mercado laboral, lo que significó la imposibilidad de realizar las funciones que se hacían anteriormente.
Otro motivo fue que las mismas mujeres empezaron a trabajar para ganar su autonomía económica, al darse cuenta, gracias en gran medida a los movimientos feministas de esos años, que el hecho de no tener dinero era la base de su dependencia de los hombres.
Lo anterior coincide con el retiro, por parte del estado neoliberal, de todos los apoyos que ofreció anteriormente a este tipo de trabajo, privatizando las escuelas, los sistemas de salud, los sistemas de apoyo al cuidado como las guarderías.
La doctora Morales Franco señaló que hay procesos globales, estructurales, derivados del desarrollo mismo del sistema neoliberal, pero existen factores muy puntuales respecto de la doble jornada de trabajo, “y lo más importante aquí es visibilizar que el cuidado se ha feminizado de manera global y lo que dicen las feministas es que se trata de entender que es un trabajo de toda la sociedad, de hombres y mujeres por igual”.
En ese sentido, “es un llamado no en contra de los hombres, no es una posición radical en contra de un grupo de la sociedad, sino a reformular nuestros acuerdos sociales a partir no la diferencia de de sexo o de género, a partir de que todos somos parte de una misma sociedad”.
Las expertas coincidieron en la necesidad de contar con políticas públicas porque las empresas consideran que los hombres tienen que trabajar cinco o seis días de la semana durante ocho horas, por lo que muchas veces no disponen del tiempo para hacer los trabajos de cuidado; por lo tanto, es el Estado la principal institución el que tiene que promover estos cambios.
“No estamos hablando solamente de prácticas empresariales, sino de una legislación laboral congruente en materia de derechos laborales y de seguridad social que permita atender por igual las necesidades de hombres y mujeres como parte esencial de los cuidados de la reproducción social”.
Por último, destacaron que en países de América Latina han avanzado en esa dirección; Chile, con un sistema volcado a los adultios mayores; Uruguay, enfocado en la primera infancia; Colombia, con un programa integral de cuidados, y Brasil, que se ha inclinado por una política nacional de cuidados, recién aprobada.
En México ha habido propuestas desde el sexenio antepasado en la CDMX, pero hoy “vivimos un momento de transición hacia nuevas dimensiones de arreglos en términos estructurales de las relaciones hombre-mujer que tenemos que aprovechar”.
“El modelo capitalista nos expone a un sistema de vulnerabilidades de un mundo societario que va más allá de lo definido en las relaciones económicas del capitalismo, y mientras no entendamos ello, no vamos a poder avanzar hacia una sociedad mejor”.
El libro es resultado de un seminario realizado en el 2022 que contó con la presencia de personalidades reconocidas en la materia de las crisis multidimensionales que aquejan a las sociedades de hoy.