Incel: una subcultura digital que exige respuestas educativas urgentes
Número 596
El doctor Carlos Contreras Ibáñez analiza este fenómeno y sus riesgos en el entorno académico
Las redes sociales funcionan como cámaras de eco que aíslan a los usuarios de visiones alternativas

La UAM, a través del trabajo del doctor Carlos Contreras Ibáñez, ha puesto sobre la mesa una preocupación creciente: el papel de las redes sociales en la formación de comunidades digitales que promueven discursos violentos y excluyentes; en particular, el fenómeno Incel, abreviatura de “involuntariamente célibe”, ha sido objeto de estudio por su capacidad de generar entornos de resentimiento y misoginia entre jóvenes varones.
Este tipo de dinámicas digitales ha cobrado visibilidad tras el ataque ocurrido en el CCH Sur, donde se ha señalado la influencia de estas narrativas en la conducta del agresor y para el especialista, más allá del caso puntual, es necesario comprender cómo estas ideologías se incuban en espacios virtuales y qué estrategias educativas pueden contrarrestarlas.
¿Qué es un Incel?
“Incel” es la abreviatura de “involuntariamente célibe”, una etiqueta que algunos varones adoptan para describir su frustración ante la falta de relaciones afectivas o sexuales. Lo que podría parecer una simple expresión de incomodidad personal se convierte, en muchos casos, en una narrativa profundamente misógina y de acuerdo con el doctor, los incels tienden a responsabilizar a las mujeres por su situación, construyendo una visión en la que ellas son vistas como objetos de consumo, trofeos que solo se entregan a hombres exitosos, atractivos o socialmente privilegiados.
Esta lógica, que reduce a las mujeres a meros medios de validación masculina, se refuerza en comunidades digitales que operan como cámaras de eco. “En estos espacios, los usuarios interactúan únicamente con quienes comparten sus creencias, aislándose de visiones alternativas y reforzando su resentimiento. Lo preocupante es que estas comunidades no solo validan discursos de odio, sino que también comparten métodos para ejercer violencia, identificar víctimas y acceder a recursos peligrosos”, explicó en entrevista.
Redes sociales como incubadoras de violencia
Las redes sociales, señaló Contreras Ibáñez, tienen una doble naturaleza; por un lado, permiten la conexión entre personas con intereses comunes; por otro, pueden convertirse en entornos cerrados donde se cultivan ideologías extremas. En el caso de los incels, estas plataformas han sido clave para la difusión de discursos que justifican la violencia como forma de venganza ante una supuesta exclusión afectiva.
Este fenómeno no es exclusivo de México, su origen se rastrea en países del norte de Europa, especialmente en Reino Unido, y ha tenido expresiones violentas en Estados Unidos, donde algunos ataques masivos han sido perpetrados por individuos vinculados a estas comunidades. “Lo que preocupa en el contexto mexicano es la creciente presencia de estos discursos entre jóvenes, especialmente en espacios educativos”, consideró el investigador en Psicología Social de la Unidad Iztapalapa de la UAM.
La juventud, por su naturaleza en formación, es particularmente vulnerable a narrativas que ofrecen explicaciones simples a problemas complejos. En un entorno de incertidumbre emocional, aislamiento social y presión por el éxito, los discursos Incel pueden parecer una salida fácil para canalizar frustraciones; sin embargo, su impacto es otro, ya que reproducen estereotipos, fomentan el odio y, en casos extremos, incitan a la violencia.
En el entorno universitario, este fenómeno representa una amenaza latente, pero no todos los estudiantes están expuestos a estas narrativas, la posibilidad de que algunos las adopten o las reproduzcan exige una respuesta institucional, por lo que no es un problema exclusivo de una Institución, sino parte de una dinámica social más amplia que involucra a jóvenes de secundaria, preparatoria y universidad.
La Institución, como espacio de formación crítica, tiene el deber de generar entornos seguros, inclusivos y reflexivos. “Esto implica atender los casos de violencia cuando ocurren, prevenirlos mediante estrategias educativas que promuevan el respeto, la empatía y la diversidad”, puntualizó el especialista.
Estrategias educativas para contrarrestar el fenómeno
Una de las propuestas más relevantes es la “hipótesis del contacto”, una teoría ampliamente estudiada en psicología social que sostiene que la interacción significativa entre personas de diferentes grupos reduce los prejuicios. Esta hipótesis ha demostrado su eficacia en contextos de conflicto religioso, político y étnico, y puede aplicarse también a la prevención de discursos misóginos y excluyentes.
La clave, apuntó, está en fomentar espacios reales de convivencia: salones de clase, actividades deportivas, talleres culturales, debates abiertos. En estos entornos, los estudiantes pueden conocer otras formas de pensar, comprender realidades distintas y construir vínculos que desactiven el aislamiento emocional que alimenta las cámaras de eco digitales.
Aunque es relevante generar contenidos positivos en redes sociales, Contreras Ibáñez advirtió que la mejor estrategia puede no suceder en el entorno digital, pues retomar los vínculos presenciales, promover el diálogo cara a cara y fortalecer la comunidad son acciones fundamentales para contrarrestar la influencia de discursos extremistas.
Finalmente, subrayó la importancia de acompañar a las comunidades universitarias no solo con empatía, sino con conocimiento científico. La UAM, como institución de educación superior, cuenta con investigaciones valiosas en el campo de las relaciones humanas, la violencia de género y la cultura digital. Estas herramientas deben ponerse al servicio de la prevención, la atención y la transformación social.
En un momento en que la violencia se manifiesta en nuevas formas, es urgente que las universidades asuman un papel activo en la construcción de una cultura de paz. Esto implica reconocer los riesgos, entender sus causas y actuar con responsabilidad, sensibilidad y rigor académico.