Voces, saberes y desafíos en la Jornada Intercultural de la UAM
Número 647
Académicas indígenas, científicas y defensoras del desarrollo rural dialogaron sobre inclusión, discriminación y transformación institucional
La Cuarta Jornada Intercultural Universitaria organizada por la Defensoría de los Derechos Universitarios de la Casa abierta al tiempo, incluyó lectura de poesía, presentación editorial y exposición artística


En un país donde la diversidad cultural suele ser celebrada en el discurso, pero marginada en la práctica, tres mujeres tomaron la palabra para convertir sus trayectorias en acto académico, en testimonio vivo y en propuesta institucional, dentro de la cuarta Jornada Intercultural Universitaria, organizada por la Defensoría de los Derechos Universitarios de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La doctora Elsa Sánchez García, científica mazateca; la maestra Elvira Méndez Bautista, educadora purépecha, y la doctora Verónica Rodríguez Cabrera, socióloga, compartieron sus historias de resistencia, exclusión, maternidad, migración, ciencia y comunidad. Lo hicieron con la claridad de quienes han vivido la discriminación en carne propia y con la convicción de que la universidad puede y debe transformarse desde sus raíces.
El evento realizado en la Rectoría General de la UAM dentro de la mesa de diálogo Logros y desafíos de una casa de estudios culturalmente diversa e incluyente reunió a estas tres mujeres que, desde sus territorios, disciplinas y vivencias, encarnan la urgencia de transformar la educación superior en México.
Moderado por la doctora Marta Walkyria Torres Falcon, titular de la Defensoría de los Derechos Universitarios (DDU) de la Casa abierta al tiempo, el encuentro marcó el inicio de esta Jornada, que desde 2022 articula esfuerzos institucionales para visibilizar la diversidad cultural, lingüística y epistémica que habita en las aulas.
La doctora Sánchez García, científica de origen mazateco, especialista en ciencias atmosféricas y espaciales, compartió su experiencia como mujer indígena en el ámbito de las ciencias duras. “No soy activista ni socióloga, pero he vivido las barreras que enfrentamos al ingresar, permanecer y egresar de la universidad”, confesó.
Afirmó que “no debemos tener vergüenza de nuestra cultura. Es una riqueza que debemos llevar en alto a donde vayamos”. Su historia es también la de miles de estudiantes indígenas que enfrentan barreras estructurales para acceder a la educación superior.
Defendió la articulación entre conocimiento científico y saberes ancestrales. “Antes mi madre me decía que, si el amanecer era rojo, venía mucho calor. Ahora sé que eso tiene que ver con el ozono. Así, combino lo que aprendí en mi comunidad con lo que aprendí en la universidad”, explicó. Hoy, además de investigar en el Laboratorio Nacional de Clima Espacial, se dedica a divulgar las ciencias espaciales en comunidades indígenas.
Por su parte, Méndez Bautista compartió una historia marcada por la migración, la maternidad, el trabajo informal y el estudio nocturno. “Vendía lonches, estudiaba cuando los niños dormían. Mi hijo me ponía una cobija y me preguntaba si tenía sueño. Tenía, pero tenía una meta”, detalló. Tras regresar de Estados Unidos con dos hijos, logró titularse, concursar, trabajar en albergues indígenas y acceder a un programa del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt) para mujeres indígenas.
Hoy encabeza la Dirección General de Universidades Interculturales, desde donde impulsa programas de acompañamiento, sistemas de cuidados y planes educativos trazados con participación comunitaria. “Si no dialogamos con ellos, seguiremos creando desde el escritorio cosas que no responden a sus expectativas”, advirtió la originaria de Cherán Atzicuirín, Michoacán, psicóloga educativa, profesora de educación indígena.
Denunció la falta de reconocimiento laboral de las carreras interculturales. “Muchas no están en el profesiograma, y eso impide que nuestros egresados accedan al mercado laboral. Estamos trabajando con la Dirección General de Profesiones para cambiar eso”, argumentó. Las universidades interculturales necesitan presupuesto etiquetado, docentes comprometidos y presencia en las comunidades. “No basta con abrirlas. Hay que sostenerlas”, aseguró.
Mientras tanto, Rodríguez Cabrera abordó los desafíos desde una perspectiva sociológica y comunitaria. “Soy del Istmo de Tehuantepec. Muchas veces, el proceso educativo nos obliga a borrar nuestras identidades, pero eso también es una tarea política”, afirmó. Desde su trabajo doctoral, abordó la violencia por razones de género en comunidades indígenas.
La investigadora del Departamento de Política y Cultura de la Unidad Xochimilco, dijo que “hay que hablar del tema, enunciarlo, poner casas de atención allá, no solo aquí. Llevo de aquí para allá y de allá para acá, lo cual me nutre constantemente”, ya que la educación intercultural no es una dádiva, sino resultado de la movilización de los pueblos originarios. Igualmente denunció el deterioro del tejido comunitario: migración, drogadicción, precarización laboral y pérdida de oficios tradicionales.
“Las juventudes indígenas están atrapadas entre la promesa universitaria y la realidad de empleos precarizados. Muchas veces, volver a vender comida en el Istmo es más rentable que aplicar lo aprendido en la carrera”, relató. Para ella, el reto es revalorizar el papel de las comunidades, sus saberes y sus actividades. “No necesitamos solo escuelas interculturales, sino que todas las instituciones de educación superior tengan componentes interculturales que aterricen en los territorios”, apuntó.
Asimismo, abordaron los retos estructurales que enfrentan las universidades interculturales: falta de cobertura, financiamiento insuficiente y escaso reconocimiento laboral. Méndez Bautista destacó que muchas carreras no están en el profesiograma, lo que impide que los egresados accedan a empleos formales. “Estudiamos para mejorar nuestras condiciones de vida, pero si no hay reconocimiento, no hay transformación”, añadió.
También se realiza un diagnóstico integral sobre la pertinencia de las carreras, los intereses de los estudiantes y el destino de los egresados. “Las comunidades quieren instituciones con pertinencia cultural y lingüística. Y eso implica enfrentar retos como la falta de docentes dispuestos a ir a zonas rurales”.
Destacó el ejemplo de la Universidad Intercultural del pueblo Yaqui, donde las juntas de gobierno se realizan en lengua materna y los representantes comunitarios participan en la toma de decisiones.
Además de la mesa de diálogo, la Jornada incluyó la lectura de poemas en lengua originaria por Miquea Sánchez; la presentación de un libro y la inauguración de una exposición artística en la Galería Manuel Felguérez. Estos eventos complementaron el encuentro con expresiones sensibles, creativas y profundamente políticas, que reivindican la memoria, la identidad y la resistencia de los pueblos originarios.
La jornada continuará el lunes 27 de octubre con una segunda sesión dedicada a profundizar en los temas abordados. La DDU, que desde 2022 ha promovido estas jornadas, reafirma su compromiso con la construcción de una cultura de paz, inclusión y justicia en el ámbito universitario.
Este espacio de diálogo, evidenció la urgencia de transformar las estructuras académicas desde la raíz. Las voces de mujeres indígenas, científicas y defensoras del desarrollo rural resonaron como un llamado ético a reconocer, integrar y respetar la diversidad en todos los niveles de la vida universitaria.
En palabras de la doctora Torres Falcón: “Desenmascarar la discriminación es vital para construir una institución verdaderamente incluyente. No basta con el discurso. Hay que convertirlo en práctica cotidiana”.