UAM y Cinvestav unen esfuerzos por la Cuenca del Alto Río Atoyac

Número 499 I Ángela Anzo Escobar


*Armando Solares y Tatiana Mendoza participaron en el Encuentro Desigualdad educativa, territorialidad y la inclusión de saberes 

*Los problemas ambientales también son problemas de la desigualdad social”, señala investigadora


En la Cuenca del Alto Río Atoyac hay cientos de vertederos que descargan sus aguas sin filtrar con desechos industriales altamente tóxicos, lo que ha causado una gran afectación a la salud vegetal, animal y de las comunidades, sostuvo el doctor Armando Solares en el Encuentro interinstitucional Desigualdad educativa, territorialidad y la inclusión de saberes organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional.   

En el evento realizado en la Unidad Xochimilco, el investigador titular del Departamento de Matemática Educativa del Cinvestav explicó que la región sufre altos índices de cáncer, insuficiencia renal y otras enfermedades vinculadas a la exposición de estos desechos, que son mucho más agudos que en otras zonas del país y afectan principalmente a niños y adultos mayores.

Por lo anterior se concretó la Red Comunidad, Ciencia y Educación (Red-CCE), un proyecto de intervención e investigación que busca sentar las bases del trabajo colaborativo entre científicos de las ciencias ambientales, activistas comunitarios, especialistas en educación y profesores.

El punto de partida se condensó en el proyecto Museo Memorial del río Atoyac de la Escuela Primaria Xicohténcatl en la comunidad de San Rafael Tenanyecac en Nativitas, Tlaxcala, que busca recuperar la memoria histórica, reflexionar sobre las problemáticas locales e instalar el deseo de transformación en la comunidad. 

Durante la ponencia Mirar el territorio desde las matemáticas: mapeos escolares para estudiar problemáticas socioambientales, la doctora Tatiana Mendoza, investigadora en estancia posdoctoral en la UAM Xochimilco, refirió que parte de la indagación se enfocó en tratar de entender cómo hablan los menores de lo que está pasando con las industrias, cómo describen el proceso de contaminación, la transformación que ha sufrido el río y sus consecuencias.

La labor se basó en charlas, talleres y la realización de dibujos para conocer las experiencias que tenían y su relación con el entorno, aproximándose a temas como la medición, la escala y el razonamiento espacial, a partir de herramientas de la didáctica de las matemáticas que se esfuerzan en reconocer conocimientos implícitos y cualitativos.

Con las descripciones obtenidas los investigadores hallaron pequeñas pistas sobre lo que podría traducirse en conocimientos matemáticos espaciales: “Este tipo de tarea nos plantea el reto de cómo darle más visibilidad a estos saberes, que son los problemas socioambientales locales y la espacialidad en matemáticas versus la geometría abstracta, que muchas veces son omitidos desde el currículo oficial”. 

“Los problemas ambientales no son solamente naturales, son problemas de desigualdad social porque son las industrias las que generan el daño y toman los recursos de las comunidades, que reciben todos los efectos de la toxicidad”. 

Esta invisibilidad también tiene efectos en el aprendizaje de otras nociones, por ejemplo, el estudio de la geometría y el vínculo de las personas con el espacio que es objeto de representación o cómo se extiende la biodiversidad si se habla poco de las especies locales amenazadas. 

Finalmente señaló que entre los temas pendientes están el saber cómo sostener el trabajo con las comunidades del Atoyac y garantizar el derecho de las infancias a un medio ambiente sano, cómo compartir esta experiencia con comunidades de otras zonas de crisis ambiental en América Latina y saber qué tipo de matemáticas son necesarias para analizar problemas socioambientales en la escuela.

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