Academia debe contribuir en la discusión crítica para entender límites y alcances de la tecnología digital y la IA


Número 034


*Educación superior juega un rol fundamental para establecer un panorama claro respecto de las implicaciones éticas de su uso

*Juan Carlos López García, investigador de la UAM, reconoció que México no cuenta con un indicador que permita entender el grado de apropiación tecnológica de la población



Las tecnologías digitales y la Inteligencia Artificial (IA) llegaron para quedarse, por lo cual los sistemas educativos deben incorporarlas mediante una reflexión crítica, por un lado, y con un dominio técnico en cuanto a su funcionamiento para entender mejor su ejecución y sus límites.

Así lo afirmó en entrevista Juan Carlos López García, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), quien consideró además que en torno a ellas aún persisten muchas brechas, no solo de cobertura de Internet sino también la del uso y la del consumo.

La educación superior juega un papel muy importante dentro de estas discusiones para poner un panorama claro respecto de las implicaciones éticas, los retos que conlleva para los sistemas educativos y lo que plantea no solamente para la educación, sino para la relación de la universidad con el entorno, reconoció.

El académico del Departamento de Estudios Culturales de la Unidad Lerma advirtió que “en México no contamos con un indicador o datos que permitan entender cuál es el grado de apropiación tecnológica de la población”.

Por otro lado, tampoco hay claridad del tamaño del uso de la IA, pues si llegó para quedarse hay que incorporar una serie de preguntas que permita identificar el alcance y grado de penetración que ha tenido en la sociedad mexicana.

Este 2025, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) promueve la reflexión acerca del poder de la educación para dotar a las personas y a las comunidades de los medios necesarios para navegar, comprender e influir en los avances tecnológicos, bajo el lema Inteligencia artificial y educación: preservar la autonomía en un mundo automatizado, refirió.

En ese contexto, el especialista destacó que el uso de estos recursos tecnológicos en el ámbito educativo ha despertado reflexiones sobre la marginalidad en ese rubro y los dilemas éticos respecto de si se está comprendiendo a profundidad cómo funcionan.

Si bien cada vez más personas tienen acceso a Internet –condición necesaria para el uso de la IA– lo cierto es que también es considerable el número de quienes no lo tienen; es decir, sigue existiendo una brecha de cobertura, de uso y de consumo, lo que se traduce en formas de marginalidad con un impacto directo en el uso de esta tecnología, apuntó el maestro en Estudios Políticos y Sociales.

Se estima que 33 por ciento de la población mundial no tiene acceso a Internet, mientras en el caso de México, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, ese porcentaje es aproximadamente del 20 por ciento de la población mayor de seis años. Por tanto, “antes que hablar de la Inteligencia Artificial en la educación, habría que tener en cuenta ese panorama y considerar primero esa marginalidad tecnológica”.

Hay estudios que han demostrado que el grado de apropiación de las tecnologías en México es todavía muy limitado, “por lo que cabe la pregunta: ¿esas poblaciones en la marginalidad quedan rezagadas de los procesos educativos por no tener alcances o acceso a la Web en primera instancia y, por tanto, a las tecnologías de la información? Y sí es así ¿cómo se les puede incorporar?”, cuestionó López García.

Este atraso se traduce en una subrepresentación de las poblaciones que no tienen presencia en el mundo digital, puesto que se invisibilizan, desaparecen de los rastros de datos que puede captar la IA.

Así, “el mundo digital registra únicamente ciertos patrones y estándares culturales que se piensan como universales, cuando en realidad sólo representan los de quienes tienen acceso a las Tecnologías de la Información”, finalizó el coordinador general del Consejo Editorial de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la sede Lerma de la Casa abierta al tiempo.

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