Prioritario atender incremento del parque vehicular de motocicletas: investigador de la UAM
Número 041
*El aumento excesivo de unidades inició a finales del siglo XX y se potenció durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19
*Como ocurrió con los taxis se requieren políticas públicas que regulen su uso y beneficien tanto a usuarios como a conductores de otros medios y peatones

El crecimiento desmesurado del parque vehicular de motocicletas empezó a finales del siglo pasado, cuando hubo una apertura comercial para importar unidades o piezas para ensamblarlas en México y venderlas a precios sumamente accesibles, afirmó Bernardo Navarro Benítez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El también coordinador del Observatorio de Transporte y Movilidad Metropolitana de la Unidad Xochimilco explicó que este aumento también respondía al estado del transporte público, que no satisfacía la movilidad de todos los usuarios, además de que las ciudades crecieron hacia la periferia y cada vez eran más largos los viajes.
El auge de las motos se dio en un principio en la Ciudad de México y la Zona Metropolitana, para luego extenderse a otros estados del país de manera desigual, convirtiéndose en un problema grave de convivencia vial, indicó el doctor en Economía Urbana.
Dos décadas después, a partir de la pandemia por COVID-19, el número de estos vehículos creció exponencialmente, cuando se convirtieron en un instrumento esencial para las entregas a domicilio.
Cualquier fenómeno que crece en esta magnitud es muy difícil de controlar y reglamentar y no había una institución preparada para enfrentarlo, aunque algunos estudios realizados en la UAM lo previeron, reconoció.
Este tipo de transporte llegó para quedarse, aseguró el especialista, toda vez que representa una alternativa adecuada a las condiciones económicas de un sector de la población que las puede adquirir y que tiene una función importante en el metabolismo económico y social como medio para trasladarse y como un medio de vida.
En los últimos tiempos, su uso ha crecido principalmente en los municipios conurbados de la Ciudad de México, porque el mal transporte del Estado de México ha hecho que la gente prefiera trasladarse al trabajo por ese medio.
Ciertamente, las autoridades han impulsado algunas acciones al respecto; como muestra, la Secretaría del Trabajo, junto con la Secretaría de Movilidad capitalina, implementaron una norma para los conductores de motocicletas como un primer esfuerzo por regular su actividad y su comportamiento en las redes viales, norma que fue discutida por instancias de gobierno, instituciones académicas y asociaciones de motociclistas.
Otra importante iniciativa gubernamental fue la de crear la licencia de manejo para conductores de moto con características específicas. Se modificó el reglamento de tránsito estableciendo una serie de sanciones más estrictas.
Si bien estos instrumentos han representado avances importantes que pueden servir en la calle en el día a día, lo cierto es que prevalece la anarquía en el comportamiento vial de los motoristas.
Una razón puede ser que no se cuenta con un registro adecuado de unidades y de sus conductores; además, a pesar de que están emplacadas, su registro es muy deficiente, sin contar que hay un alto índice de motos robadas que circulan con papeles apócrifos. Los corralones están llenos de unidades sin reclamar porque no cuentan con la documentación oficial, por lo que es fundamental buscar alternativas.
“Un fenómeno de rápido crecimiento, explosivo, que nos está trayendo problemas de convivencia en el espacio público, requiere de atención inmediata. Por ejemplo, si un buen número de motos sirven como instrumentos de trabajo, deberían de contar con una placa de servicio mercantil”, aseveró.
De esa manera, el conductor podría contar con un seguro obligatorio pagado por el empleador que lo proteja a él y a terceros. Con esta medida se atendería a la mayoría del parque de vehículos de este tipo, se le daría otro estatus y se aumentaría significativamente la seguridad.
Otra medida necesaria es la verificación de contaminantes de estos vehículos, “pues no hay razón técnica, práctica, ni de ningún tipo para que las motos no se verifiquen”.
Hace algunas décadas los taxis eran un problema porque no estaban regulados. Pero a partir de 2006 se creó una serie de regulaciones basadas en gran parte en trabajos de investigación de la UAM, destacó Navarro Benítez; “entonces había una flota de 130 mil taxis circulando en la Ciudad de México, la más grande del mundo, incluso por arriba de Nueva York”.
Las autoridades del entonces Distrito Federal decidieron implementar una serie de políticas públicas y convocaron a las universidades, las cuales propusieron que se registrara y se reglamentaran ciertas características necesarias para brindar el servicio. A partir de ahí se modernizó el parque vehicular de taxis en un 80 por ciento hacia el final del sexenio de Marcelo Ebrard Casaubón en el gobierno de la Ciudad de México.
“Si hay voluntad política, lo mismo deberá hacerse con las motocicletas, a partir de políticas públicas que beneficien tanto al usuario como a los conductores de otros medios de movilidad vial y peatones y las aportaciones que la academia puede brindar en este sentido son fundamentales”, concluyó.