Los huertos escolares, sembrando el Futuro Sostenible


Número 084


La UAM, a través de su Unidad Iztapalapa, trabaja con alumnos de educación primaria en la instalación de dos espacios de cultivo y recolección

Se obtienen productos orgánicos bajo el esquema de la Economía Circular, buscando reducir residuos y maximizar el uso de recursos

La Universidad ofrece capacitación y material educativo para producir alimentos de acuerdo con las condiciones climáticas y de suelo



Los huertos escolares muestran a los niños la importancia de la agricultura a pequeña escala y su objetivo principal es que estudiantes de nivel básico aprendan sobre la siembra, el cultivo y el consumo de frutas, verduras y hortalizas para desarrollar capacidades agrícolas en las que se generen espacios de integración y convivencia, que fomenten acciones para hacer un uso sustentable de los recursos disponibles, así como mejorar los hábitos alimenticios.

Desde temprana edad, la infancia puede aprender a producir sus propios alimentos y conocer todo su ciclo, instruirse en el reciclaje de los desechos orgánicos a través de crear compostas y ciertos procesos de descomposición como, por ejemplo, a través de la lombricomposta, un fertilizante natural que contiene nutrientes como nitrógeno, potasio, fósforo y magnesio.

Este conocimiento, que es valioso en la escuela, puede ser trasladado a sus hogares, donde aprenderán que los desechos orgánicos pueden convertirse en composta para beneficiar sus jardines y plantas en maceta, puntualizó Mónica Cristina Rodríguez Palacio, investigadora del Departamento de Hidrobiología en la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

“Hemos trabajado con niños de nivel básico para instalar dos huertos escolares en la Alcaldía Iztapalapa con mucho éxito. En el proceso trabajan profesores y alumnos en todo el proceso, pues a los pequeños les encanta la parte final de la cosecha de los alimentos. Además, colaboran los padres de familia en las tareas de la limpieza donde se van a instalar los cultivos”, relató en entrevista para el Semanario de la UAM la doctora en Medioambiente.

El huerto escolar se suele encontrar dentro de las instalaciones de la escuela primaria o secundaria o en sus linderos, en un terreno con suelo de tierra, pero también se puede acondicionar utilizando guacales, cajones de madera y paredes verdes con material reciclado, adaptándose a los espacios disponibles.

El objetivo principal es obtener productos orgánicos bajo el esquema de la Economía Circular, que busca reducir residuos y maximizar el uso de recursos disponibles.

También hemos contribuido con instituciones de educación media superior de la zona en la instalación de huertos urbanos, ofreciendo capacitaciones, talleres y materiales educativos (como infografías) sobre los requerimientos en un huerto para la producción de alimentos, lo que convendría cultivar de acuerdo con las condiciones climáticas y de suelo, además cómo cosechar y preparar el sustrato obtenido de las compostas, explicó.

“Los estudiantes aprenden sobre el ciclo de los elementos, atestiguan cómo crece una planta a partir de la semilla y descubren cuál es el fertilizante más adecuado sin ser tóxico. Usamos biofertilizantes o bioinsumos que no contaminen y no dañen el medio ambiente”, explicó Rodríguez Palacio.

En estas prácticas, los docentes de la institución juegan un papel crucial al asignar a los alumnos actividades, como el monitoreo de la humedad del suelo o el cuidado de las semillas. Cada participante asume una responsabilidad dentro del proceso de la siembra y su evolución, como un trabajo colectivo para cosechar y beneficiar a una comunidad.

La especialista en el estudio de las algas, ahondó en los usos potenciales de las microalgas y cianobacterias –fijadoras de nitrógeno atmosférico– como biofertilizantes y comparte sus conocimientos a comunidades de Oaxaca y Puebla, ofreciendo esta alternativa de bioinsumo para fertilizar sus huertos caseros.

 “Realizamos los primeros experimentos cultivando maíz azul y otros productos de la canasta básica con resultados excelentes en comparación con un fertilizante químico; no sólo el resultado es bueno en cuanto a tamaño o calidad del producto, sino enriquecimos el suelo con materia orgánica, a diferencia del fertilizante químico que lo degrada con el tiempo”, puntualizó.

La experta anunció que la Casa abierta al tiempo pronto lanzará un diplomado en Agroecología y Bienes Humanos, en colaboración con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, que será gratuito y se impartirá en línea con el apoyo de especialistas de instituciones en materia del uso de bioinsumos para transitar hacia prácticas más saludables y sostenibles para el agricultor, el consumidor final y el medio ambiente.

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