Evalúan el impacto del Protocolo único de atención a la violencia de género


Número 211


El documento transparenta los procesos y ofrecer mayores certezas a la comunidad universitaria

Desde su creación en 2024, permitió homologar la ruta de revisión, análisis y atención de los casos de violencia al interior de las Unidades



Para reflexionar en torno a los antecedentes, aplicación e importancia del Protocolo único de atención a la violencia de género, titulares de las Unidades de Prevención y Atención de la Violencia de Género (UPAVIG) de las cinco Unidades académicas se congregaron en un conversatorio que tuvo lugar en la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Al inaugurar el espacio de reflexión titulado Atención a la violencia de género en la UAM-Experiencias y desafíos, organizado por la Defensoría de los Derechos Universitarios, Norma Rondero López, secretaria general de la Casa abierta al tiempo, señaló que, desde su creación en 2024, este documento se formó de manera colectiva y dio seguimiento al trabajo de transversalización de políticas para erradicar la violencia por razones de género en la Institución.

Explicó que la generación de este documento no fue una tarea sencilla y se logró con la participación de las entonces titulares de las UPAVIG, quienes con su experiencia, sensibilidad y conocimientos lo nutrieron.

El objetivo fue dotar a la Universidad de instrumentos, mecanismos y referentes normativos para la atención de estas problemáticas, frente a la diversidad y riqueza de la comunidad universitaria, para crear condiciones que permitieran avanzar con paso firme en su prevención y erradicación, anotó.

Durante su intervención, Rocío Guadalupe Padilla Saucedo, titular de la Unidad de Género y Diversidad Sexual de la Unidad Azcapotzalco, subrayó que este protocolo viene de la necesidad de transparentar los procesos y ofrecer mayores certezas a la colectividad de esta casa de estudios, para que no se pensara que no se atendían los casos o se quedaban en una intervención aislada.

Refirió que con el documento fue posible marcar una ruta que generara mayor confianza y homologar los procesos de revisión, análisis y atención de los casos al interior de las Unidades, para seguir un trayecto conjunto en la determinación de primer contacto, los objetivos específicos y el seguimiento a estos procesos.

Aunque indicó que el protocolo no es la solución a estas problemáticas, sí representa un gran avance para la Institución en términos de justicia transformadora, pues permite trabajar en forma conjunta y fomentar la participación de toda la comunidad, a partir de políticas transversales y operativas que permean las distintas instancias académicas.

Al respecto, María del Socorro Damián Escobar, encargada de la Unidad para Atender la Violencia por Razones de Género de la Unidad Iztapalapa, sostuvo que es importante reconocer que estas normativas resultan también de un contexto en el que las estudiantes demandaban atención, frente la impunidad existente y la falta de acceso a la justicia universitaria.

Lo anterior, dijo, se vio reflejado en la sesión 464 del Colegio Académico, celebrada el 11 de septiembre de 2019, donde se reconoció el rezago histórico en la normatividad, procedimientos, institucionales y servicios para identificar, prevenir, atender y erradicar la violencia de género.

Desde entonces, y en concordancia con recomendaciones de organismos internacionales como el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), se asumió un compromiso para atender esta problemática de manera inmediata y crear espacios, mecanismos y rutas de atención accesibles y flexibles.

Damián Escobar explicó que cuando surgió este protocolo las UPAVIG ya estaban cumpliendo muchas de sus funciones primordiales, como acompañar y dar seguimiento a las víctimas, desarrollar programas para la detección, prevención y atención de la violencia, así como articular vínculos con instancias externas, lo cual permitió homologar las prácticas, los caminos a seguir y la unificación de formatos.

Las especialistas concluyeron que, algunos de los mayores desafíos para enriquecer la aplicación del protocolo son la transversalización de la perspectiva de género en las aulas y la labor con docentes, el trabajo de acompañamiento y sensibilización también con varones.

Además de una mayor vinculación con las instancias de atención y sanción de la Universidad, la adecuación de formatos y la mejora de evaluaciones de impacto, la implementación de una estrategia conjunta de prevención con objetivos particulares para erradicar estas prácticas dentro y fuera de los espacios universitarios.

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