La máquina estética clave en el panorama artístico del siglo XX
Número 354
De ello se habló en el conversatorio realizado como parte de la muestra Manuel Felguérez: una máquina estética en la Rectoría General
En el siglo pasado, la máquina fue un objeto de arte por excelencia y uno de los motivos más recurrentes de las artes plásticas



La máquina estética es la obra más importante de Manuel Felguérez y uno de los proyectos artísticos más importantes del siglo XX en México, sostuvo Manuel Marín al participar en el conversatorio organizado en la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Durante el encuentro celebrado como parte de las actividades alternas a la muestra que gira en torno al artista zacatecano, el especialista refirió que este trabajo, efectuado en 1975, con apoyo de una Beca Guggenheim como profesor invitado en la Universidad de Harvard, representó un punto de quiebre en el panorama artístico.
Indicó que en el siglo pasado, la máquina fue un objeto de arte por excelencia y uno de los motivos más recurrentes de las artes plásticas, tanto por su valoración como en la demostración del hecho creativo, lo que la llevó a ser retomada por varios creadores.
Lo anterior, dijo, abrió la posibilidad para entender que dichos artistas tomaron a este objeto con la intención de referirse a un animal artificial y como una manera de quitarle a Dios el título de creador único de los animales, siendo el arte una vía de acción en la Tierra.
Explicó que el autor de Canto al océano (1963) y Mural de hierro (1961) comenzó a trabajar en esta serie en 1973 cuando presentó la exposición El espacio múltiple en el Museo de Arte Moderno, siendo esta muestra el antecedente de un proyecto que definiría su trayectoria artística.
Los resultados de esta exposición se publicaron en un libro, que ofrece una serie de reflexiones sobre el arte y la sustancia artística de la ciencia, a propósito de la serie de pinturas y esculturas derivadas de este ejercicio, piezas en pequeño formato realizadas en metal laqueado que pasaron a integrarse al acervo de la Academia de Artes.
Aunque argumentó que la crítica asumió que la computadora de Harvard era propiamente la máquina a la que se refería el título, el proyecto “nos lleva a concebir el proceso de generación de obras plásticas bajo la congregación de una serie de elementos externos a las artes y a los procesos de generación estética misma”.
Adolfo Mantilla apuntó que en Espacio múltiple como lenguaje a partir del concepto semiótico de Umberto Ecco, discurso de ingreso del artista zacatecano a la Academia de Artes en 1975, el propio artista reconoció a todo este proyecto como un prolegómeno a La máquina estética, al establecer los principios y aproximaciones que desarrollaría posteriormente.
Para el especialista, los proyectos procesales no tienen principio ni fin, y en este caso particular, Felguérez aprovechó su estancia en el Museo de Arte Moderno para explorar la manera en la que una dimensión múltiple podría producir muchas obras potenciales, experimentando un principio de dinamismo, ya que las piezas no cuentan con un anverso y un reverso.
Tal como se refiere en la muestra, la multiplicidad y abundancia de diseños, en aparente contradicción con la pureza de las sencillas formas geométricas de tonos sobrios, lograron un fuerte impacto visual, con resultados de gran valor estético que han permitido analizar de cerca un momento fundamental en la producción artística del artista zacatecano.