Padres que cuidan, universidades que cambian: nueva mirada sobre paternidad


Número 358


La doctora Vanessa Arvizu Reynaga plantea que reconocer la diversidad de las paternidades es clave para rediseñar políticas universitarias más justas y eficaces

La investigación realizada en la UAM Cuajimalpa evidencia cómo la educación superior puede ser motor de transformación social desde el cuidado



La doctora Vanessa Arvizu Reynaga, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y consultora especializada en género y cuidados, ha venido impulsando una reflexión indispensable para las universidades del siglo XXI: ¿qué significa ser padre dentro de la educación superior y cómo puede ese rol formar parte activa, digna y acompañada de la vida académica?

Su reciente investigación, una radiografía sobre maternidades y paternidades en la Unidad Cuajimalpa elaborada en conjunto con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y la Red por los Derechos de la infancia en México (REDIM), visibiliza una realidad muchas veces ignorada: las múltiples formas en las que se ejerce la paternidad dentro del ecosistema universitario.

Para Arvizu Reynaga, hablar de paternidades, en plural, es reconocer la diversidad de trayectorias, desafíos y experiencias que viven académicos, estudiantes y trabajadores que también crían y cuidan. A pesar de las discrepancias de contexto, todos ellos enfrentan una constante que es la invisibilización institucional frente a sus responsabilidades familiares.

Uno de los focos de este trabajo fue el análisis de los estudiantes que ejercen la paternidad. “A menudo deben cumplir jornadas escolares por la mañana y laborales por la tarde y noche, quedando con poco o ningún tiempo para convivir con sus hijos e hijas. El tiempo para ejercer su rol se reduce a los fines de semana, y el desgaste físico y emocional es considerable”.

Estos alumnos no cuentan con permisos, becas ni servicios que consideren su doble jornada y a diferencia del personal académico o administrativo, ellos enfrentan la responsabilidad de la manutención con menos recursos y más exigencias, dijo en entrevista.

A pesar de ello, muchos de estos jóvenes padres están construyendo modelos de paternidad cercanos, presentes y afectivos, alejados de los mandatos de género tradicionales. Desde el aula, están repensando su papel como cuidadores y rechazando estereotipos que históricamente excluyeron a los varones del mundo de los afectos cotidianos. “Estudiar nos ayudó a entender que estar presentes en la crianza no nos hace menos hombres”, declararon algunos entrevistados.

La investigación también reveló contrastes relevantes entre roles. Si bien la paternidad afecta el rendimiento académico y profesional de todos, sus efectos son más severos en mujeres, quienes además cargan con las implicaciones físicas del embarazo y el cuidado intensivo. Aunque algunos hombres reconocen que su productividad disminuye, las consecuencias rara vez son equiparables.

A partir de la mirada de Arvizu Reynaga, las estructuras universitarias siguen operando bajo una lógica tradicional, donde se asume que el estudiante es joven, sin cargas familiares, y que el rol del proveedor recae en los varones. Esto se refleja, por ejemplo, en becas que apoyan a madres jefas de familia, pero que excluyen a padres en condiciones similares. “Hay que romper con el estereotipo del estudiante que solo estudia”, afirmó.

¿Dónde empieza el cambio?, la especialista propone lo más básico; que es generar información. Incluir en los formularios institucionales preguntas como “¿tienes hijas o hijos?” puede marcar la divergencia para entender quiénes integran realmente la comunidad. Saber cuántos padres estudian o enseñan, cuántos utilizan sus licencias, quiénes no lo hacen y por qué, abriría el panorama para diseñar políticas más humanas, inclusivas y efectivas. Para ella, “no se puede diseñar una respuesta efectiva si no sabes a quién tienes frente a ti”.

Algunas iniciativas ya existen en Chile, por ejemplo, la red MAPAU articula a padres y madres universitarios en una comunidad autogestiva de cuidado infantil. Las universidades colaboran cediendo un espacio físico, y a cambio los estudiantes que participan, desde carreras como Derecho o Psicología, pueden validar su labor como servicio social. Acompañar la crianza no solo es posible: puede formar parte del aprendizaje profesional.

Además de datos, se requiere sensibilización, ya que muchos hombres no declaran que son padres por temor a ser excluidos académicamente. “Se quedan fuera de apoyos, de redes, por miedo al juicio o al estigma”, indicó. Por eso es clave normalizar la diversidad y la diferencia dentro de las universidades; padres jóvenes, estudiantes que cuidan, trayectorias largas o interrumpidas no deben representar una desventaja.

La investigadora insistió en que las universidades deben comunicar mejor los apoyos existentes y fomentar redes internas de solidaridad: desde permitir el ingreso de un niño a clase cuando no hay quien lo cuide, hasta compartir apuntes o flexibilizar entregas de tareas. “Las redes de apoyo, aunque informales, han sido la clave para que muchos padres no abandonen su formación”.

Uno de los hallazgos más notables de la radiografía fue que el 96 por ciento de quienes respondieron eran mujeres. Este dato no solo confirma el peso desproporcionado del cuidado en ellas, sino que revela el silencio persistente entre los hombres respecto al ejercicio de su paternidad. Sin embargo, entre los que sí participaron, las experiencias fueron muy variadas: desde padres en unión libre o casados, hasta padres solteros o en situaciones legales complejas, que buscan ejercer su derecho a atender y ser parte activa de la vida de sus hijos.

La doctora Arvizu Reynaga concluyó con una invitación a consultar la radiografía, disponible en la página de la OEI México, y difundir sus hallazgos. “Porque reconocer, apoyar y dignificar las paternidades no es un favor institucional ni una moda académica: es una deuda ética con quienes sostienen, desde el cuidado, la vida universitaria”.

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