Lo que nos hace ser mexicanos: la resignificación de las fiestas patrias
Número 372
*Representan también un envalentonamiento frente a la posibilidad de una agresión externa: investigador de la UAM
*Independencia y nacionalismo son herramientas institucionales usadas para mantener la cohesión de los mexicanos
*En términos generales el 15 de septiembre resalta la solidaridad y el acompañamiento de los habitantes de esta nación: González Navarro

Para los mexicanos las fiestas patrias resultan fundamentales porque representan el valor de decirse y sentirse independientes y, en términos culturales, están asociadas a la fiesta, al jolgorio, al relajo, sin a veces saber que más allá de su valor simbólico de arrojo y valentía fue una fiesta organizada inicialmente en 1896 por el entonces presidente Porfirio Díaz, cuya fecha de cumpleaños era el 15 de septiembre, manifestó el doctor Manuel González Navarro, investigador de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En entrevista con motivo de las celebraciones por la Independencia de México, el académico del Posgrado de Psicología Social mencionó que entre la gente este festejo está asociado con una idea de nacionalismo, con la capacidad de definir cómo ser, cómo pensar, cómo hacer las cosas y hacia dónde llevarlas, dando un valor secundario a lo que significa la Nación, los nacionalismos en plural y el ser mexicano.
Más allá de quién esté en el poder, de quién gobierne en términos de régimen o de ideología, “la idea de independencia y nacionalismo es muy fuerte de manera institucional para mantener la cohesión de los mexicanos y lo que significa pertenecer a este país y ser social con el valor de la Independencia”, sostuvo.
Si bien en el caso de la arenga del presidente en turno los nombres de los personajes varían, “en el fondo cambian las trayectorias, es decir, hacia dónde simbólicamente va el país, como fue con los gobiernos enmarcados en el llamado neoliberalismo, donde la oportunidad del ser mexicano era ser emprendedor, multifacético, abrirse a la lógica no solamente nacional, sino de mercado e instalar al nacionalismo en un contexto de aprobación de la globalización”.
Ahora, “con López Obrador el mecanismo de este reconocimiento es una crítica al liberalismo, a la misma globalización, en un contexto de desarrollo que llama la Cuarta Transformación”, resaltó el también presidente de la Sociedad Mexicana de Psicología Social.
Así, “encontramos que las formas simbólicas son las que se van adaptando más rápidamente en torno al Grito y a la Fiesta, que podría ser similar a hace cien años en la plancha del Zócalo, con los espantasuegras, los silbatos, los sopes, los pambazos, las quesadillas y, en lo alto de Palacio Nacional, debe advertirse esta creencia a la Bandera mexicana y a la arenga del presidente o presidenta hacia el pueblo”.
Los medios de comunicación transmiten las fiestas mexicanas con un sentido de cohesión, de tradición, con lo que se constituye más que una celebración cultural y política en el fondo tiene un dogma religioso que no está evidentemente representado en la idea de la propia identidad que se elige en un llamado míticamente definido del cura Miguel Hidalgo con el estandarte de la Virgen de Guadalupe”.
Por tanto, “la idea de nacionalismo está acompañada de valores religiosos que simbólicamente representan la idea, forma y ser del mexicano, que visto hacia afuera el compatriota siempre recordará las formas del nacionalismo acompañadas del grito de ¡Viva México! o ¡Viva México, cabrones!, que es una exclamación revolucionaria, independentista, soberana y de reafirmación de la identidad”, aseveró el investigador del Departamento de Sociología.
En términos generales el 15 de septiembre resalta la solidaridad y el acompañamiento de los habitantes de esta nación, del mismo modo que se advierte en momentos de emergencia, tales como un accidente o una guerra, puesto que “el mexicano es solidario y lo ubico en el contexto del sismo de 1985 en la Ciudad de México donde se constituyó como un valor político que derivó en muchos cambios sociales, políticos y culturales que pudimos advertir al inicio del siglo XXI”.
Por otra parte, “puede ser en el fondo un envalentonamiento frente a la posibilidad de la agresión externa que además son de las principales estrofas que el Himno Nacional tiene en términos de un soldado en cada hijo te dio, por el designio divino, que es la valentía no como un atributo estrictamente masculino, sino al ser mexicano: hombres, mujeres y menores de edad dispuestos a la solidaridad y al arrojo en términos de valor en caso de necesidad de defensa”.
El 15 de septiembre representa una movilización del pensamiento y de las emociones y es probable que en las festividades de este año tenga una característica particular, en el sentido de que un presidente cuya gestión “ha cimbrado a los mexicanos y mantiene un reconocimiento del 70 por ciento entre la población”.
Aunado a ello, representa “la continuación de este régimen político de la Cuarta Transformación que, sin duda, ha sido un cambio no sólo político, sino cultural y profundamente simbólico muy importante, por lo que el tono del próximo 15 de septiembre puede ser muy elocuente para los mexicanos”, finalizó el doctor González Navarro.