La UAM en Shanghái: un proyecto ambiental con sello mexicano
Número 377
Miguel Fitz Castillo y Marco Antonio García Pérez diseñaron un mortero ecológico con impacto social, académico y ambiental
Invitados a Voces de la UAM, narraron cómo un proyecto con materiales reciclados los llevó a competir en Asia



Como parte de un esfuerzo innovador por integrar conocimiento académico con responsabilidad ambiental, dos estudiantes de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) desarrollaron un nuevo tipo de mortero no estructural utilizando residuos plásticos y de construcción, propuesta que fue presentada en el Global Environment Solution Challenge realizado en Shanghai, China.
Miguel Fitz Castillo, alumno de Ingeniería Ambiental, y Marco Antonio García Pérez, matriculado en la Maestría en Ciencias e Ingeniería Ambientales, dieron a conocer que el objetivo principal de su proyecto es que “el material está hecho a partir de plásticos residuales que se encuentran en la basura y residuos de construcción que comúnmente se conoce como cascajo”.
Como parte del reconocimiento a su iniciativa, ambos fueron invitados al programa de radio Voces de la UAM, conducido por Carlos Urbano, donde compartieron detalles sobre su proyecto, los retos de su participación en el extranjero y el valor de impulsar propuestas con impacto ambiental y social.
En este espacio de UAM Radio de 94.1 de FM subrayaron que su proyecto se diferencia por el bajo nivel de transformación requerido, de acuerdo con Fitz Castillo “estamos tratando de crear un nuevo material con la menor interferencia posible a la materia prima. No se requieren procesos altamente especializados ni capacitación técnica específica, solo maquinaria para triturar los materiales y mantener una mezcla homogénea. El resultado es una mezcla espesa y negra, muy parecida al chapopote, que requiere calentamiento constante y movimiento para su elaboración”.
El proyecto comenzó como una variante del trabajo de integración de otro alumno, en el cual inicialmente se encapsulaban metales pesados. Posteriormente, con orientación de la doctora Mabel Vaca Mier, asesora del proyecto y profesora investigadora en la Unidad Azcapotzalco de la UAM, y la invitación de la doctora María Neftalí Rojas Valencia, del Instituto de Ingeniería de la UNAM, la iniciativa tomó nuevo rumbo. “Ella vio potencial en el material y nos propuso participar en el concurso internacional”, recordó García Pérez.
Uno de los desafíos técnicos más significativos fue la elaboración del mortero “el proceso sigue siendo artesanal. Usamos una parrilla para calentar y una palita para mezclar a mano”, explicó Miguel, quien destacó que el apoyo recibido de las dos Universidades para realizar pruebas mecánicas e investigar su viabilidad.
Fitz Castillo, quien asistió a la competencia en representación de México, resaltó que solo dos países latinoamericanos participaron: “Los demás equipos eran europeos o de consorcios universitarios. Fue impactante ver el nivel y darnos cuenta de que nuestros proyectos también tienen cabida en ese entorno”.
Tras su participación en Global Environment Solution Challenge en Shanghái, China, los alumnos compartieron en entrevista posterior que el siguiente paso es continuar la investigación para reunir más datos y presentar una propuesta viable que capte el interés de instituciones públicas, privadas o universitarias para su desarrollo industrial.
Destacaron el apoyo de sus compañeros en el Centro de Consulta de Ingeniería Ambiental de la Unidad Azcapotzalco fue muy importante para poder darnos ideas. “El equipo que ganó el tercer lugar (en Shangai) tenía una inversión de millón y medio de euros. Nosotros llegamos con esfuerzo, pero sin respaldo económico, y eso fue determinante para no pasar a semifinales”, expresó Fitz Castillo.
El proceso para llegar a China implicó esfuerzos personales y comunitarios. Compartió, ya que la totalidad del financiamiento fue gestionada con ayuda de su familia, amistades y compañeros. “El aviso de los semifinalistas se dio con poco tiempo antes del evento, y no fue posible reunir los recursos a través de la institución”.
Apuntó que la ingeniería ambiental no puede quedarse anclada en su nicho disciplinario. “Recibimos apoyo de compañeros de ingeniería mecánica, civil y química. Eso fue lo que nos permitió ir resolviendo. Además, los equipos que ganaron eran multidisciplinarios. Esa es una lección clara: debemos colaborar entre disciplinas si queremos desarrollar soluciones reales”.
Ambos jóvenes expresaron su deseo de continuar con la investigación y formalizar vínculos, incluso con instituciones internacionales como la Universidad de Colombia, con quienes coincidieron en la competencia. “Nuestros proyectos tienen líneas similares. Hablamos con ellos y están interesados en crear un puente académico más cercano entre nuestras instituciones”.
Como reflexión final, Fitz Castillo dirigió un mensaje a quienes vienen desde otros contextos educativos: “Soy egresado de Conalep y a todos los que vienen de ahí o de cualquier otra institución les digo que no se rindan. Uno puede llegar tan lejos como se proponga. Agradezcan a quienes los apoyan, porque nadie logra nada en esta vida completamente solo”.
Ambos coinciden en que el reconocimiento académico, si va de la mano del apoyo institucional, puede transformar ideas estudiantiles en soluciones concretas para el país. Su proyecto, nacido en un laboratorio universitario, sigue creciendo como ejemplo de innovación con impacto social y ambiental.