Junio, mes para recordar la lucha por derechos de la comunidad LGBTTTIQ+


Número 394


Tres especialistas de la UAM reflexionaron en torno a temas en favor del respeto a la diversidad sexual, la inclusión y la cultura de paz

El día 28 se conmemora en el mundo el Día Internacional del Orgullo LGBTTTIQ+



El 28 de junio, fecha en que se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBTTTIQ+ es una ocasión para reflexionar y reconocer la lucha que esta comunidad ha dado durante décadas para conquistar la igualdad, pero también para recordar que aún falta mucho para hacer efectivo el pleno ejercicio de sus derechos.

En lo anterior coincidieron los doctores Humberto Guerra de la Huerta, Eduardo de la Fuente Rocha y Adriana Margarita Morales Otal, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), quienes desde sus respectivas disciplinas opinaron sobre la importancia de continuar propiciando la reflexión y la discusión de temas que contribuyan a una cultura de paz y respeto entre la colectividad universitaria y en la sociedad en general.

Uno de los grandes pendientes que persiste es la desprotección en que se encuentra la población trans nacida varón, que sigue siendo un grupo marginado y vulnerabilizado al extremo en el país, sostuvo Guerra de la Huerta, investigador del Departamento de Política y Cultura de la Unidad Xochimilco.

El doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México y autor del libro De lo joto a lo macho, masculinidades diversas mexicanas, editado por Siglo XXI, enfatizó que, pese a los avances y conquistas del movimiento, la discriminación y la violencia en su contra permanecen.

Aún es muy difícil ser trans en los contextos violentos en que vivimos, pero además es un grupo que mayoritariamente está ubicado en ambientes de precariedad económica, social y cultural, advirtió.

Esta expresión todavía se ve como una afrenta al machismo y se cuestiona la renuncia al privilegio de ser varón; sin embargo, “no hay tanto ruido con que una mujer sea o quiera ser varón, se exprese como tal o tenga esa identidad; el problema es la masculinidad hegemónica, que, si bien es cada vez más cuestionada, sigue vital y vigente”.

Más allá de que existe una legislación que defiende espacios académicos, sociales, culturales y familiares, hay sectores de las cúpulas económicas y políticas que no quieren ver esto cristalizado, pero también en la clase baja, en donde el machismo está muy arraigado, el ejercer este rechazo brinda cierto estatus.

Refirió que muchas universidades, como la UAM, han impulsado oficinas orientadas a atender problemáticas vinculadas con temas de género principalmente relacionados con violencia, asimismo, prevalece apertura respecto de las líneas de investigación y hoy ya no es posible prohibir que se aborde esta temática.

El investigador, quien tiene entre sus líneas de investigación el análisis literario, señaló que otra cuestión que ha causado intensas discusiones en años recientes es el llamado lenguaje inclusivo.

Al respecto, apuntó que hay una diferencia básica desde el siglo XIX que distingue entre lengua y habla.

“La primera sería el idioma que está normalizado y el habla es lo que nosotros hablamos todos los días, diferencia que ha servido para identificarnos como grupos y diferenciarnos de otros”.

El lenguaje inclusivo demuestra estas posibilidades y cambios en el habla y “entonces el uso de la E trata de dar mejor cuenta y poner en las mismas circunstancias a grupos que antes estaban supeditados a otros dominantes, y yo creo que es adaptable esta nueva realidad a través del lenguaje porque la lengua es dinámica y va cambiando”.

Por su parte, De la Fuente Rocha expresó que los contextos políticos en que se desarrollan los procesos de reivindicación de los derechos de la diversidad sexual pueden determinar su avance o retroceso, tal como ocurre actualmente en Estados Unidos ante las propuestas de su presidente para invalidar algunas de sus conquistas.

El doctor en Psicología Social dijo que en este movimiento “hay tanto avances como retrocesos”, porque así es el proceso de la historia, pero en este momento hay culturas como la estadounidense, donde desde hace décadas estos derechos eran plenamente ejercidos y ahora están en riesgo.

Lo anterior tiene que ver con la lucha por el poder y por la riqueza, impulsos que “muchas veces pervierten el sentido, la esencia y el respeto del ser humano”.

En este caso se trata de una conveniencia política por parte de quienes proponen estas iniciativas, reconoció el investigador del Departamento de Educación y Comunicación de la Unidad Xochimilco de la UAM.

Así, el futuro de estos movimientos “dependen de los intereses de los grupos que estén en el poder”, y desgraciadamente hoy existe una consolidación muy fuerte de personajes a los que no les importa respetar la vida de los demás”.

El investigador en creatividad y la relación de género comentó que mientras estos grupos quieren el poder sobre otros para consolidarse, el movimiento busca la expresión y la alegría de vivir.

En tanto, manifestó que resulta grato ver cómo con el tiempo ha ido evolucionando el reconocimiento a las personas LGBTTTIQ+, que han dejado atrás la persecución, marginación, violencia y abusos que se cometían en su contra.

En México estos cambios se están promoviendo desde distintos espacios, con la idea de que todas las personas tienen dignidad y merecen respeto.

Estas transformaciones quedan de manifiesto en la realidad nacional y hoy, en términos generales, al interior de las familias donde prevalece una cultura de respeto, son legales y protegidos el matrimonio igualitario, el derecho a la adopción, pero sobre todo la valoración de que en la sociedad todas las formas de vivir la sexualidad tienen derecho a expresarse.

“Lo más importante ahora es combatir las distintas formas de discriminación que todavía están insertas en nuestra cultura, pues aún se discrimina por género, color o posición económica, incluso en los mismos grupos LGBTTTIQ+”, finalizó.

Para la doctora Morales Otal, la orientación sexual no es una elección consciente ni un comportamiento aprendido, sino una manifestación más de la diversidad natural, y la preferencia sexual surge de una compleja interacción entre hormonas, estructuras cerebrales y experiencias tempranas, sin que exista una única causa ni una “normalidad universal”.

Con más de dos décadas dedicadas a la investigación sobre la orientación sexual en modelos animales, entre otras líneas de investigación, la indagadora del Departamento de Biología de la Reproducción del campus Iztapalapa señaló que uno de los grandes aportes de estos modelos en neurociencias es la posibilidad de observar conductas de manera sistemática en condiciones controladas, lo que permite observar patrones y relaciones causales.

El uso de ratas como modelo experimental “nos ha permitido desarrollar paradigmas innovadores para explicar cómo se expresa la preferencia sexual cuando se eliminan presiones sociales, culturales o religiosas, factores que suelen pesar en los seres humanos”.

La integrante del Área de Neurociencias explicó que en sus investigaciones “se han observado comportamientos que se alejan del supuesto binarismo heterosexual que normalmente se da por sentado”.

Estos estudios aportan evidencia experimental de que la diversidad sexual tiene bases biológicas complejas y no puede ser reducida a categorías binarias y “este modelo contribuye a desmontar los supuestos biologicistas normativos que han sostenido narrativas estigmatizantes sobre las disidencias sexuales”.

En un contexto social donde todavía existen mitos, prejuicios y violencia hacia las personas con orientaciones sexuales no normativas, los resultados de estas investigaciones invitan a reflexionar que “si la naturaleza misma exhibe esta diversidad ¿por qué el ser humano insiste en negarla o castigarla?”.

La ciencia, “lejos de patologizar puede y debe ayudar a desmantelar los estigmas y a promover una cultura de respeto hacia todas las formas de expresión sexual”.

Este tema es especialmente relevante en las comunidades universitarias porque la orientación sexual se vincula con aspectos profundos de la identidad humana como el erotismo, los deseos, las relaciones, las prácticas sexuales y los valores afectivos como el amor; por tanto, comprender que es una expresión natural de la diversidad humana, organizada biológicamente, debe llevar a rechazar toda forma de discriminación.

“Todos, todas y todes somos personas, tenemos derechos, dignidad y, por ende, visibilizar las diferencias en cuanto a la orientación sexual permitirá fortalecer la sociedad, aunque seamos diferentes en nuestra diversidad sexogenérica”.

Definitivamente, “la ciencia, contribuye a quitar esos estigmas, esos prejuicios sociales, porque demuestra las bases biológicas de la diferenciación sexual y las estructuras cerebrales implicadas en la regulación de la conducta sexual femenina y masculina”.

La doctora Morales Otal recordó que como científica tuvo que enfrentarse a muchas controversias y cuestionamientos por afirmar que se nace con la homosexualidad, “pero fue a partir de ahí que empecé a diseñar modelos animales para corroborar que biológicamente se nace con la orientación sexual”.

Hoy, a 25 años de distancia “puedo decirles que me siento muy contenta, muy orgullosa de que la ciencia ahora sí esté ahí, en este movimiento por el respeto a la diversidad sexual, la inclusión y la cultura por la paz”, finalizó.

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