Alumna de la UAM obtuvo el tercer lugar en heptatlón en competencia nacional


Número 508


Siete pruebas, mil emociones: Isabel Fernanda Pérez Castillo y su camino al bronce en la Olimpiada Nacional CONADE 2025

Estudia Diseño Industrial en la Unidad Xochimilco de la UAM 



A veces, la gloria llega acompañada de lágrimas; no por tristeza, sino por el vértigo que causa ver tus sueños cumplidos, así lo vivió Isabel Fernanda Pérez Castillo, estudiante de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), cuando el cronómetro se detuvo y su esfuerzo fue reconocido con el bronce nacional en heptatlón durante la Olimpiada Nacional CONADE 2025. “Me dijeron que era tercera (…) no lo creía. Lloré de felicidad porque recordé todo lo que había pasado para llegar ahí”.

Pérez Castillo lleva en el cuerpo la resistencia de los entrenamientos, pero en la mente la fuerza de quien sabe organizarse entre tareas académicas y sesiones dobles de preparación física. Su historia no empieza en esa competencia que se realizó en Tlaxcala, sino en los pasillos de la Casa abierta al tiempo, donde aprendió a combinar su pasión deportiva con identidad institucional.

La Olimpiada Nacional CONADE 2025 resultó para ella más que un evento deportivo: se convirtió en el escenario que guardó la recompensa de su preparación. “Fue una de las competencias que más esperaba (…) de las más importantes. Estuve muchos años intentándolo y por fin se me dio esta oportunidad, fue un momento muy emotivo; todo el trabajo que se tuvo por fin dio resultado”, dijo en entrevista.

En ese bronce hay más que técnica; hay sacrificios y jornadas dobles de entrenamiento, apuntó con naturalidad al describir el desafío cotidiano: “Entreno dos veces al día, una sesión antes de ir a la Universidad y otra después de clases; y claro, también hay que cuidar la recuperación”. Es un sistema de vida, una estructura personal que requiere disciplina y fortaleza mental.

Siete pruebas, una sola atleta

El heptatlón es una prueba de atletismo compuesta por siete disciplinas diferentes, distribuidas a lo largo de dos días: 100 metros con vallas, salto de altura, lanzamiento de bala, 200 metros planos, salto de longitud, lanzamiento de jabalina y 800 metros planos.

Cada una exige capacidades distintas: velocidad, potencia, técnica y resistencia, sobre todo pide carácter. “Mi favorita es 800 metros planos; la última que se realiza. Ya estás agotada, pero ahí es donde más se ve lo que tienes dentro”, confesó Pérez Castillo y agregó no solo se lanza, corres o saltas; cada prueba es para ella, una oportunidad de descubrirse, de confirmar que su esfuerzo vale.

Lo más complejo, sin embargo, no siempre ocurre en la pista, por lo que desde ahora ha tenido que encontrar el delicado equilibrio entre sus estudios y su preparación deportiva. Y aunque no cuenta con una beca económica, destacó el respaldo que ha recibido por parte de su Universidad. “Cuando fui a competir, me facilitaron las entregas de los trabajos; no se afectaron mis calificaciones. Me sentí apoyada”.

La familia como impulso

La vocación por el deporte viene desde su casa, ya que sus padres fueron corredores de fondo, y ambos estudiaron también en la UAM. Para ella, el deporte nunca fue ajeno. “Mis papás se conocieron en el ambiente deportivo; eso me lo inculcaron desde pequeña”.

Durante la charla recordó que comenzó como velocista; corría 100 y 200 metros planos, hasta que un día su entrenador le propuso probar algo más; “no te va mal en la velocidad, también saltas bien, ¿por qué no pruebas el heptatlón?”.

Aunque, como bien apuntó, no sabía lo que el heptatlón implicaba, se dejó guiar; al principio sintió que se salía de su zona de confort, que dejaba atrás lo que conocía. “Era pesado, al principio me costó. Pero le fui agarrando cariño y ahora lo disfruto. Cansa, sí. Se sufre, sí. Pero vale la pena”.

El ambiente con sus compañeras forma parte de esa motivación diaria. “Es muy sano, incluso divertido; compartimos el esfuerzo y también las risas, eso hace todo más llevadero”.

La historia de Pérez Castillo, quien concluyó el primer trimestre de Diseño Industrial, no está hecha solo de logros pasados, pues sueña en grande y desea representar a México en competencias internacionales, incluso llegar a unos Juegos Olímpicos.

Una figura que la inspira es Liliana Borja, campeona panamericana en la especialidad, con quien ha tenido oportunidad de competir. “Es una persona muy linda. Nos daba consejos, nos apoyaba; quiero ser como ella algún día”.

Además de su preparación física y académica, tiene un profundo sentido de pertenencia institucional, ya que “representar a la universidad me llena de orgullo. La UAM me ha apoyado, y yo quiero trascender, dejar huella”.

Cuando se le pregunta cómo se ve a sí misma como estudiante y como atleta, responde con convicción; “me considero una persona fuerte física y mentalmente. El desgaste es grande, pero aprendes a resistir, a mantenerte firme”.

En su testimonio hay inspiración, sí, pero también honestidad, dialoga con sencillez de sus rutinas, del estrés competitivo, de los nervios previos a cada prueba. “En los 100 metros con vallas casi me caigo, por los nervios. Me dije: ‘No, tienes que seguir’. Me concentré, me enfoqué y terminé bastante bien”.

Hoy, la emoción sigue viva. A veces todavía le cuesta creer que ganó el bronce. “Cuando me lo dijeron, pensé que era un error. Me puse a llorar; recordé todo el trabajo de años. Es una felicidad enorme; a veces aún no me lo creo”.

Isabel Fernanda Pérez Castillo es más que una medallista; es estudiante, atleta, hija, universitaria, soñadora. Su historia inspira por lo que ha conseguido, pero sobre todo por cómo lo ha hecho; con convicción, con cariño por su disciplina y con amor por su casa de estudios.

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