Edadismo: la invisibilización de adultos mayores en la sociedad


Número 531


La vejez no debe ser vista como una etapa de declive señala la investigadora de la UAM, Mireya Zamora Macorra

Las personas adultas mayores poseen conocimientos, experiencia y habilidades que pueden seguir aportando a la sociedad



El edadismo es un conjunto de prejuicios y estereotipos que afectan la percepción de las personas adultas mayores, considerándolas una población en declive; esta visión errónea impacta la manera en que son tratadas desde la atención médica hasta el acceso al empleo, pasando por la manera en que los jóvenes los perciben y cómo las instituciones los integran a la sociedad, afirmó la doctora Mireya Zamora Macorra, profesora de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Este fenómeno social se sustenta en la idea de que, con el envejecimiento, las personas pierden capacidad de aprendizaje, habilidades laborales y salud, lo que genera discriminación y limitaciones en su participación activa; sin embargo, la especialista enfatizó que el cerebro sigue generando conexiones neuronales, lo que permite el aprendizaje y la adaptación en etapas avanzadas de la vida.

De acuerdo con datos oficiales, se estima que para el año 2050, 23 de cada 100 personas serán adultas mayores, por lo que Zamora Macorra refirió que el impacto del edadismo no es solo estructural, sino también emocional y psicológico.

“La palabra edadismo hace referencia a los prejuicios o estereotipos dirigidos a adultos mayores, viéndolos como una población en declive. Esta percepción influye en la manera en que son observados, son tratados por el personal de salud, cómo los consideran los jóvenes y las empresas; muchas de estas ideas están cargadas de prejuicios negativos como la creencia de que han perdido utilidad, que no pueden ejercer actividades complejas, que su capacidad de aprender es limitada o que su salud se verá afectada constantemente. Esa manera de discriminación, es muy sutil”, anotó en entrevista.

Tener una percepción de que este sector está en declive es errónea, la realidad es que pueden tener una vida productiva como la tenían en su juventud, “no en el sentido de la rapidez, pero sí de la adquisición de nuevos conocimientos; hay mucha evidencia de que el cerebro sigue aprendiendo y haciendo conexiones neuronales, hay plasticidad”, puntualizó la académica del Departamento de Atención a la Salud.

Efectos de edadismo

El edadismo entendido como la discriminación basada en prejuicios hacia las personas mayores, tiene efectos profundos en la manera como estos perciben su rol dentro de la sociedad. Su exclusión no solo es estructural, también es psicológica, lo que impacta su bienestar emocional y social.

Como resultado de esa percepción, hay quien cree que en esa etapa de su vida comienzan a ver su propia vejez como una etapa de declive inevitable, lo que puede generar ansiedad, depresión, aislamiento e incluso ideas de suicidio. “La falta de convivencia intergeneracional perpetúa está visión errónea, limitando las oportunidades para que los adultos mayores sean reconocidos como miembros activos y respetados de la comunidad”, comentó.

Uno de los efectos más evidentes del edadismo se puede observar en el ámbito laboral, acotó la investigadora, ya que las ofertas de empleo son escasas y cada vez más restrictivas, con límites de edad que afectan incluso a personas en plena capacidad productiva, como aquellas de entre 40 a 50 años.

“A pesar de contar con una amplia experiencia laboral, muchos de los adultos mayores enfrentan la frustración de no ser contratados lo que agrava su vulnerabilidad económica”.

Por lo que respecta al área de salud, la discriminación es evidente, ya que a menudo reciben poco tiempo de consulta y son redirigidos a otros servicios como el geriátrico o el psiquiátrico.

Zamora Macorra aseveró que en México existen avances por transformar la visión sobre el envejecimiento, y en los últimos años las instituciones hay un esfuerzo importante de las instituciones por evitar esta discriminación y cambiar el concepto de este sector de la población en plenitud. “Incluso hay algunas maneras de referirse a ellos como envejecimiento exitoso, envejecimiento activo y en realidad lo que están describiendo son adultos mayores que están ejerciendo sus actividades de manera sana e independiente”.

Entre estas nuevas reformas; por ejemplo, “tenemos la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores que busca evitar la discriminación, que tengan acceso a salud universal, protección económica, participación social; intentan reformular a estas personas como un grupo que debe ser protegido e integrado a la sociedad”, añadió.

Desafíos y oportunidades

La investigadora apuntó que, la percepción este sector de la población ha cambiado en las últimas décadas; en el pasado, eran vistos como fuentes de sabiduría y experiencia, pero hoy en día enfrentan segregación y una interacción limitada con las nuevas generaciones, lo que ha reducido la transmisión de conocimientos y perspectivas valiosas.

A pesar de que existe una campaña importante para dignificar a los adultos mayores, persiste una negativa del envejecimiento. “Particularmente en las mujeres está la idea de permanecer jóvenes, retrasar la muerte y verse joven y ´verse vieja´ se considera sinónimo de decadencia y rechazo; la vejez no debe ser vista como una etapa final de la vida, sino como una fase de reflexión y calma, con nuevas oportunidades de participación social”, abundó.

El contexto demográfico también es importante para entender la relevancia de su integración; por ejemplo, en México, apuntó, la edad promedio de vida es de 77 años, lo que significa que, tras la jubilación a los 60 años, muchos de ellos tienen al menos 17 o 20 años más de vida activa; pero a pesar de los esfuerzos institucionales para su inclusión, la percepción de envejecimiento sigue siendo un obstáculo”, puntualizó.

En el ámbito de las políticas públicas, se han desarrollado programas para fomentar su integración; existe el Instituto Nacional de la Personas Adultas Mayores (INAPAM) desde donde se ha implementado el programa de vinculación productiva, que promueve la contratación de estas personas por parte de las empresas con incentivos fiscales, ahí pueden incorporarse a nuevos trabajos donde son reconocidos y hay espacios más amables para ellos.

De igual forma, está la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores cuyo objetivo es garantizar espacios adecuados y promover el respeto y la inclusión de este grupo etario en la sociedad.

Lamentablemente el programa del INAPAM de vinculación productiva, muchos trabajan bajo el esquema de empacadores voluntarios, lo que les permite convivir y generar ingresos, pero sin beneficios de formalidad laboral, lo que representa un riesgo para ellos y para cualquier trabajador, por lo que “es necesario garantizarles un empleo digno, con seguridad social y condiciones laborales adecuadas”, aseguró.

Precisó que, en el sector salud, es fundamental incrementar la presencia de personal especializado como geriatras y gerontólogos, quienes pueden ayudar a tener una percepción más aproximada y adecuada sobre el proceso de envejecimiento, así como ofrecer una atención más acorde a sus necesidades.

“Los adultos mayores son dignos de ser escuchados, de respeto, de atención y de cuidado como lo es un compañero en la Universidad, tu padre o tu madre, porque son personas que pertenecen a nuestra sociedad y construyeron el mundo en el que estamos. Sí tenemos esos espacios son porque ellos los erigieron entonces merecen el mismo espacio como cualquier joven”, puntualizó.

Es clave que desde la infancia se enseñe a reconocer su valor, promoviendo el respeto hacia ellos y fortaleciendo el significado de la convivencia intergeneracional.

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