Sebastián Rivera Mir: una historia crítica de la quema de libros en México


Número 534


El texto, El cautivante fulgor de los libros ardiendo, se presentó en la FILUNI

Analiza cómo el fuego ha sido utilizado para imponer narrativas y borrar memorias



La quema de libros ha sido, a lo largo de la historia, uno de los gestos más contundentes de censura, represión y control ideológico; pero también un acto ritual, una forma de protesta, una metáfora de transformación. En su más reciente obra, El cautivante fulgor de los libros ardiendo. Doce episodios para una historia de la quema de libros en México, el historiador chileno-mexicano Sebastián Rivera Mir propone una lectura crítica y matizada de este fenómeno, explorando sus múltiples significados y sus implicaciones en la historia cultural del país.

La estructura de la obra, editada por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), responde a una lógica historiográfica que busca representar la diversidad de actores, momentos y motivaciones detrás de la quema de libros. Rivera Mir eligió 12 episodios que permiten recorrer el siglo XX mexicano desde distintos ángulos.

“Algunos capítulos se alinean con los sexenios presidenciales, otros agrupan periodos ideológicamente afines, esta organización permite observar cómo el fuego ha sido utilizado de manera sistemática para imponer narrativas, silenciar voces o redefinir el horizonte cultural”, planteó.

Uno de los aportes más provocadores es la reflexión sobre el papel del fuego en la era digital. Rivera Mir señaló que, “aunque los textos ya no se queman físicamente, existen nuevas formas de censura. Las plataformas digitales enfrentan retos similares a los que desafiaron los libros impresos: control de contenidos, invisibilización de voces y apropiación del conocimiento por parte de corporaciones”.

El autor advirtió que la censura digital puede ser tan efectiva como la quema tradicional, y que el conflicto por el acceso libre a la información persiste bajo nuevas formas.

En entrevista, precisó que la digitalización no ha desplazado a la obra impresa, pero sí ha transformado los hábitos de lectura. “Hoy existe una concentración de lectores; mientras algunos sectores leen más que nunca, otros han abandonado por completo la lectura de textos. Esta polarización plantea nuevos desafíos para la cultura escrita y obliga a repensar el papel del libro en la formación ciudadana”.

Reflexionó sobre la imposibilidad de quemar un archivo digital, pero advierte que el control algorítmico, la censura en redes sociales y la manipulación de contenidos representan formas contemporáneas de represión cultural. En este sentido, el fuego se vuelve una metáfora de los riesgos que enfrenta la cultura escrita en un entorno de acelerada digitalización.

Uno de los hallazgos más provocadores del texto es que incluso los escritores han participado en su quema. Rivera Mir apuntó que, en ciertos momentos, autores arrojaron publicaciones a las hogueras como gesto simbólico contra la violencia o la guerra. En ese acto, se convierte en vehículo de expresión, incluso en su destrucción. Para él, esta autoinmolación literaria revela la centralidad de la publicación en la voz del escritor y su papel como extensión de la conciencia crítica.

Respecto al rol de las universidades advirtió que no deben pensarse como entidades homogéneas. Existen instituciones que han promovido la censura, retirando volúmenes de sus programas de estudio. “La universidad, entonces, es también un escenario de disputa ideológica, donde se libran batallas por la hegemonía cultural”, por lo que invitó a pensar la universidad históricamente, reconociendo sus tensiones internas y su papel en la producción de conocimiento.

En cuanto a los investigadores, Rivera Mir hace una crítica a la tendencia académica de privilegiar lo excepcional sobre lo cotidiano. En el caso de las quemas de libros, declaró que prácticas recurrentes como las realizadas por estudiantes han sido ignoradas por la historiografía, a pesar de su relevancia simbólica; por lo que llamó a estudiar los procesos rutinarios, constantes, que también configuran identidades y narrativas sociales.

Apuntó el equilibrio entre el rigor histórico y la narrativa literaria en su obra; inspirado por escritores mexicanos que han abordado el tema, como Mariano Azuela y Carlos Fuentes, el autor construye episodios que dialogan con la literatura, evitando una estructura cronológica rígida; así, su obra se convierte en un espacio híbrido donde la historia y la ficción se entrelazan para contar una historia que ha sido poco explorada.

Sebastián Rivera Mir es un investigador reconocido por su trabajo en historia cultural, con énfasis en el estudio del libro, la edición y las prácticas lectoras en América Latina. Su trayectoria académica ha estado marcada por una preocupación constante por los modos en que el conocimiento circula, se preserva y se disputa. En sus investigaciones, aborda temas como la censura editorial, la historia de las bibliotecas, la formación de públicos lectores y las políticas culturales del Estado.

En esta nueva obra, el autor se adentra en un terreno poco explorado por la historiografía mexicana: la quema de textos como práctica recurrente, cargada de significados políticos, religiosos y sociales. A través de 12 episodios cuidadosamente seleccionados, reconstruye momentos clave en los que el fuego se convierte en protagonista de la vida cultural del país. Su enfoque combina el rigor histórico con una sensibilidad literaria que permite comprender el acto de quemar obras no solo como destrucción, sino como gesto simbólico.

Los movimientos sociales, por otro lado, han recurrido al fuego como gesto de ruptura y catarsis. Rivera Mir recordó episodios en los años treinta, cuando estudiantes quemaban libros como parte de rituales de protesta. “En estos casos, el acto no buscaba censurar sino clausurar un ciclo, celebrar el fin de una etapa o denunciar estructuras opresivas. La quema se volvía entonces un acto carnavalesco, simbólicamente liberador”.

Existen a lo largo de la historia distintos actores que han protagonizado quemas de este tipo, por ejemplo; en el caso del Estado, ha funcionado como mecanismo para borrar vestigios de proyectos políticos anteriores; la eliminación de textos vinculados a gobiernos derrocados, donde la obra se convierte en testimonio incómodo de lo que se desea olvidar. Esta práctica, ha sido recurrente en los procesos de transición política, donde el nuevo régimen busca imponer su propia narrativa histórica”.

Por parte de las instituciones religiosas, especialmente la Iglesia Católica, el conflicto con el texto ha sido más prolongado y estructural. Desde la Reforma, el acceso masivo a textos en lenguas vernáculas representó una amenaza a la autoridad doctrinal. “El libro, con su potencial para difundir pensamiento crítico y conocimiento secular, fue visto como un enemigo de la oralidad religiosa y de las formas tradicionales de control espiritual”.

En distintos momentos, la Iglesia combatió la circulación de títulos que cuestionaban sus dogmas, y cómo esta censura se relaciona con procesos de alfabetización y modernización.

La presentación de este volumen tuvo lugar este viernes en la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI), en el Centro de Congresos y Exposición de la Universidad Nacional Autónoma de México, que se desarrolla hasta el 31 de este mes con la Universidad de Chile, como invitada.

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