La voz de la escritora británico-palestina Selma Dabbagh en la UAM
Número 535a
“Escribir es devolver sensibilidad y verdad a las vidas palestinas”, dijo desde su experiencia como autora en la diáspora
La literatura, para ella, es un espacio de libertad, memoria y resistencia política






La escritora británico-palestina Selma Dabbagh ofreció una reflexión profunda, valiente y conmovedora sobre el papel de la literatura como forma de resistencia, pues desde su experiencia como autora, abogada y activista, compartió cómo la narrativa puede contrarrestar la deshumanización cultural, reconstruir la memoria colectiva y abrir espacios de dignidad para los pueblos oprimidos, especialmente el palestino.
Durante un conversatorio organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el British Council apuntó que “los palestinos no podríamos estar en una situación más trágica, desastrosa y mortífera que la actual”, ya que desde una mirada crítica hacia la industria cultural dominante denunció cómo Hollywood y los medios han promovido representaciones que reducen a los palestinos a estereotipos de terroristas o víctimas pasivas, negándoles agencia y humanidad.
“Hay una idea de que los palestinos no son como el resto de las personas del mundo que quieren ir a la escuela, educarse, enamorarse, casarse (…) Solo tienen un deseo de matar”, señaló. Esta maquinaria de deshumanización, impulsada por presiones diplomáticas, debe ser enfrentada desde la creación artística, sostuvo en el evento realizado en el Centro Cultural Académico Teatro Casa de la Paz de la UAM.
Escribir es una forma de devolver complejidad, sensibilidad y verdad a las vidas palestinas, afirmó, pues desde su lugar en la diáspora, Dabbagh reconoció los retos de narrar una realidad que no ha vivido directamente. “No me siento como un insider, me siento a veces como una impostora porque no vivo en Cisjordania y hablo inglés, no árabe al cien”.
Sin embargo, su conexión con quienes resisten desde el territorio le permite construir una narrativa que trasciende fronteras; “estamos tratando de crear una patria de diáspora (…) no somos personas tan diferentes, somos todos víctimas de la división de un mapa, pero tenemos otras cosas en común”.
La escritura, para ella, es también una forma de libertad, ya que “si funciona, si sale bien, el resto del mundo se apaga; puedes tener un paisaje donde lo quieras en el mundo, ya sea en el futuro, en el pasado, estás en control de todo y eso es adictivo para mí”, expresó.
Dabbagh refirió cómo su formación jurídica ha influido en su obra. “Me he vuelto más escritora que jurista. Como abogada me cuesta más trabajo, es un lenguaje mucho más controlado y como escritora derramo la tinta y luego edito”, explicó. Aunque ambas disciplinas requieren rigor, la ficción le permite una aproximación más sutil, donde el lector llega a sus propias conclusiones sin sentir la mano política del autor.
Más allá de su rol como escritora, subrayó la responsabilidad ética de los artistas ante la injusticia. “Todos tenemos obligación de levantar la voz ante la injusticia y lo debemos hacer en forma estratégica y con mucho coraje y valentía”.
Criticó la neutralidad selectiva de instituciones culturales en Europa, que politizan el arte en algunos casos, como Ucrania, pero lo despolitizan en otros, como Palestina, calificando esta postura de “racista en sus fundamentos”.
Para ella, el arte no puede ser apolítico, “incluso en las novelas del siglo XIX, cuando hablas de una mujer casada que se enamora, estás tomando una decisión. Todo es una forma de mirar a la sociedad”.
Manifestó cómo su conciencia feminista emergió con la maternidad. “Estaba embarazada y nadie pensó que yo tenía una opinión; ya no tenía cerebro ni era sexual. Eso me hizo despertar”, confesó. Su experiencia como madre la llevó a recuperar su voz y desarrollar un proyecto durante la pandemia sobre la pérdida y el amor entre mujeres árabes escritoras.
“Las mujeres, a lo largo de la historia árabe, han escrito sobre temas tabú como el amor, lujuria, sexo, romance; mucho antes de que hubiera libros redactados por ellas en Inglaterra”. Su objetivo fue mostrar que la liberación femenina no es una importación europea, sino una expresión histórica dentro de la cultura árabe.
La literatura ofrece un camino para construir empatía más allá de las fronteras. “Cuando empecé a escribir hace 20 años no había mucho, ahora hay muchísimas voces en muchos idiomas”, por lo que el trabajo de escritoras palestinas en la diáspora que abordan temas provocadores, como Yasmin Zaher, cuya novela The Coin analiza a la sociedad estadounidense desde una mirada crítica.
“Lo que está naciendo de la destrucción en Gaza es una serie de voces auténticas, claras, con firmeza intelectual y las mujeres que están capturando la imaginación de los jóvenes del mundo”, aseveró.
Dabbagh está terminando una novela situada en Jerusalén en 1938, y reflexionó sobre el poder de la ficción especulativa, “si los políticos no pueden visualizar el futuro, creo que los escritores lo tendrán que hacer; una imagen poderosa puede amalgamar a una sociedad más que una serie de hechos”.
Para ella, incluso los gestos pequeños tienen valor, pues “no hay que actuar únicamente cuando pasa algo horrible; si haces algo pequeño, consistente, que te dé a ti algo, entonces lo puedes mantener”.