Además de evitar la violencia, la paz debe cultivar el respeto, entendimiento y buen trato para favorecer el bienestar


Número 563


En entrevista, el investigador de la UAM Carlos Contreras Ibáñez refirió que la familia no cuenta con los recursos mentales, emocionales ni habilitaciones para contender con los conflictos

La Red de Investigación sobre Cultura de Paz, Justicia e Instituciones Sólidas busca promover la paz, la justicia y el fortalecimiento institucional mediante investigación, diálogo y colaboración interdisciplinaria



La paz tiene que ver con el cese de la violencia y los conflictos internacionales, pero también con entender este concepto como un proceso que sucede en todas las relaciones humanas, entre instituciones y ciudadanos, entre miembros de una comunidad e incluso a nivel familiar, afirmó el doctor Carlos Contreras Ibáñez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El docente adscrito al Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa señaló en entrevista que esta situación armónica puede entenderse de dos maneras: una en un sentido negativo, que refiere a la necesidad de que no haya conflicto, guerra o violencia, y en un sentido positivo, dirigido a cultivar una cultura de respeto, de acompañamiento, de entendimiento, de comunicación asertiva, que favorezca buen trato, bienestar, calidad de vida y todos los factores que impiden derivar en un conflicto violento a cualquier nivel.

Por lo anterior, la paz positiva “es algo que nos compete a todos, porque somos parte de una comunidad que poco a poco puede llegar a conflictos que van desde guerras, rechazo, discriminación y animadversión entre grupos o personas”.

El experto en procesos psicosociales abundó en que este concepto surgió a partir de la Segunda Guerra Mundial con varios pensadores, antropólogos, filósofos y diplomáticos que se dieron cuenta que no era suficiente lo que existía a nivel de instituciones internacionales, sino que era necesario entender la noción como prácticas cotidianas, ya que “no se sostenía por sí misma, sino que debía tener un sustrato, todo un tejido para facilitarla y procurarla”.

Se trata de entender el concepto no como producto, sino como un proceso, “tal como lo concebían pensadores como Gandhi que decían la paz es el camino”.

Por ejemplo, “no hay paz cuando las personas migrantes que transitan por nuestro país son atacadas por las instituciones o por bandas criminales; esto evidencia su carencia, “porque hay delitos, hay violencia radical contra esas personas, pero también la puede haber en una institución, incluso en una educativa como la nuestra”.

Esta cultura, por tanto, prioriza el diálogo, la democracia, la toma de decisiones incluyentes, la posibilidad de negociar los conflictos y resolverlos o incluso anticiparlos de una manera no adversarial, sino mediante la escucha, “implicando a todos y todas y tratando de reflejar sus intereses, sus puntos de vista y sus actitudes en un acuerdo constructivo de una situación que a todos nos haga sentir tranquilos y sintiendo que todos somos parte de una comunidad”.

El integrante de la Red de Investigación sobre Cultura de Paz, Justicia e Instituciones Sólidas de esta casa de estudios subrayó que el conflicto siempre va a existir, sin embargo, reafirmó que estas prácticas se impulsan en la UAM desde hace varios años, lo que ha dado lugar a la aprobación por parte del Colegio Académico de las políticas transversales para una cultura de paz.

Se busca gestionar los conflictos, que siempre los va a haber, dado que “hay intereses distintos, hay tiempos y diferentes maneras de comprender las cosas, pero lo importante es lograr que seamos capaces y tengamos las herramientas institucionales, interpersonales, internas para gestionar los conflictos de una manera constructiva”.

Estos procesos deben darse no solo en organizaciones sino también en otros espacios como el familiar, donde hay graves consecuencias cuando los conflictos no se abordan de manera adecuada, recalcó.

Por lo general, cuando se piensa en instituciones, “identificamos al gobierno, a las universidades u otras instancias, pues desde un punto de vista sociológico, psicosocial todas tienen normas y un objetivo, además de recursos para llevarlo a cabo, pero una de las instituciones que no está funcionando, y hay que decirlo, es la familia”.

La familia no cuenta con los recursos mentales, emocionales y en general lo que en psicología social se denominan las habilitaciones para contender con los conflictos, por lo que “las instituciones del Estado deberían favorecer que las y los integrantes las familias, sean capacitados para saber resolver cosas”; es decir, saber qué esperar del otro y ser claro en la negociación de lo que cada quién puede aportar.

La comunicación asertiva en la claridad de las expectativas favorecería que estos grupos funcionen mejor, porque la falta de habilidad de sus integrantes para manejar conflictos provoca la expulsión de algunos miembros, entre ellos muchos jóvenes.

Así, “no sabemos cómo trabajar los conflictos con los hijos, las hijas, los tíos, los padres, etcétera, lo que hace evidente la necesidad de esa educación para la paz que todos, en todos los niveles, podríamos adquirir si hubiese campañas de sensibilización, así como las instituciones y los recursos que se requieren”.

El experto refirió que la Red de Cultura de Paz e instituciones sólidas de la UAM es una iniciativa que busca promover la paz, la justicia y el fortalecimiento institucional a través de la investigación, el diálogo y la colaboración interdisciplinaria.

En ese sentido, se concibe como un espacio para generar conocimiento, compartir experiencias y promover políticas públicas basadas en evidencia, con el objetivo de contribuir a la construcción de sociedades más justas y equitativas.

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