La UAM, caja de resonancia de expresiones culturales


Número 564


“México tiene una riqueza cultural impresionante, y los estudiantes deben tomar conciencia de ello”, afirma el investigador Arturo Rodolfo Gálvez Medrano

La única manera de sobrevivir como nación es darle voz a las expresiones de cultura popular

Profesores y estudiantes trabajan con comunidades como Xochimilco y Milpa Alta, rescatando prácticas culturales y promoviendo su sentido profundo



La cultura en México ha sido muchas veces reducida a mercancía o privilegio de élites, pero desde su creación la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se ha convertido en un bastión de resistencia, conciencia crítica y transformación social, afirmó el profesor Arturo Rodolfo Gálvez Medrano, investigador del Departamento de Política y Cultura, de la Unidad Xochimilco.

La universidad ha sido, desde su origen, una caja de resonancia de las expresiones culturales populares, un espacio que da voz a lo silenciado y que acompaña a la sociedad civil en sus luchas más profundas, reseñó en entrevista.

La UAM no solo estudia la cultura, la vive, la defiende y la transforma. Desde el sismo de 1985, pasando por el levantamiento zapatista de 1994, hasta los movimientos feministas y estudiantiles actuales, la Casa abierta al tiempo ha estado presente, interpretando, difundiendo y acompañando las manifestaciones culturales que emergen desde abajo.

“La cultura puede ser instrumento de liberación o de dominación”, advirtió el investigador, y la Institución ha elegido el camino de la liberación.

Una universidad comprometida con la cultura

“Creo que fundamental, debiésemos partir particularmente de los últimos años, estoy hablando de estos 50 años que tiene de existencia la universidad, porque surge en un momento muy crítico históricamente hablando”. Nace en un lapso de crisis, a mediados de los años setenta, en medio de un cambio económico y político. Desde entonces, ha asumido un papel esencial en la cultura, entendida no como ornamento, sino como herramienta de resistencia.

Destacó la influencia de tres escritores latinoamericanos que, aunque parezcan distantes de la Institución, han transformado la visión cultural del continente: Juan Rulfo, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez. “Quienes lean a Rulfo es algo impactante, el mismo García Márquez dice que después de que leyó a Rulfo pensó que podría escribir cualquier cosa”. Estas figuras no solo revolucionaron la literatura, sino que ayudaron a Latinoamérica a verse a sí misma con nuevos ojos, alejándose de los valores europeos y neocoloniales que se seguían repitiendo.

Pero la cultura no se limita a las letras, se manifiesta en la voz popular, en la resistencia cotidiana. Un momento clave en esta transformación fue el sismo de 1985. “Esto pone en primer plano a la sociedad civil, pero (Carlos) Monsiváis lo plantea de la mejor manera, recuperando lo que es la cultura popular, que es lo trascendente en las sociedades”.

La Ciudad de México, que hasta entonces no había sido protagonista de grandes movimientos, se convierte en epicentro de una cultura popular que se expresa en la solidaridad, en la organización espontánea, en la memoria colectiva.

En este contexto, la UAM comienza a hacer eco de estas manifestaciones. “La cultura, igual que la historia y las democracias, pueden ser una herramienta de liberación o también un instrumento de dominación”.

Otro momento clave fue 1994, con el levantamiento indígena en Chiapas. “Surge justamente una cultura olvidada. Lo que sí es muy importante es que ponen en primer plano a una parte de la cultura marginal, la de las comunidades indígenas”. La Universidad no se encarga de dar voz directamente, pero sí interpreta, difunde y acompaña estas expresiones, incluyendo los derechos de minorías religiosas, sexuales y sociales.

En este sentido, la Unidad Xochimilco impulsa proyectos que vinculan la academia con los pueblos originarios del entorno, ya que se desarrollan investigaciones sobre fiestas populares, tradiciones religiosas, cultura culinaria, música, formas de gobierno local y medio ambiente.

Profesores y estudiantes trabajan con comunidades como Xochimilco y Milpa Alta, rescatando prácticas culturales y promoviendo su sentido profundo. El rescate ecológico de regiones como Xochimilco, por ejemplo, va más allá del ajolote y los canales; se trata de salvar un ecosistema social y cultural.

Formación crítica y compromiso social

La UAM no solo investiga, forma, y aunque la pandemia de COVID 19 desconectó a muchos jóvenes del entorno comunitario, el espíritu de compromiso persiste, pues estudiantes de Sociología, Psicología, Economía, Agronomía y Veterinaria han participado históricamente en proyectos que vinculan el conocimiento con la acción social.

“La Universidad tiene tres funciones esenciales: generar conocimiento, investigar y difundir cultura”, reafirmó Gálvez Medrano. “Pero hay una cuarta, invisible y vital: la dimensión moral”. La Institución debe ser eco de la sociedad a la que se debe, y los estudiantes tienen el compromiso de retribuir lo que han recibido.

Enfrentamos el reto de difundir cultura en una sociedad donde todo pasa por el filtro del mercado. Las grandes editoriales y ferias del libro imponen sus reglas, y muchos escritores quedan fuera por no ajustarse a los valores establecidos.

“La cultura popular es lo que hace amable la vida”, desde el grafiti hasta la música de Juan Gabriel o Los Ángeles Azules en Bellas Artes, estas expresiones son identidad, resistencia y memoria; “son parte de los movimientos y tienen una riqueza impresionante”, destacó; por ello, estas expresiones no deben ser elitizadas ni convertidas en mercancía; deben ser dimensionadas, comprendidas y defendidas.

Cultura, democracia y transformación

Los movimientos actuales, como el feminismo, el activismo LGBT+, los derechos de migrantes y afrodescendientes, también forman parte de esta cultura. La Universidad no solo recibe estos movimientos, sino que los hace explícitos, generando conciencia y reflexión.

La cultura no es solo conocimiento, es moral, compromiso y transformación. “Las democracias burguesas intentan imponer un solo lenguaje, un solo territorio, pero las sociedades tienen sus propias formas de expresarse”, reconoció.

¿Cómo se acompaña desde la Casa abierta al tiempo a los estudiantes que quieren vincular su formación académica con proyectos culturales? “En la medida en que se tome conciencia de lo que somos frente al mundo. México tiene una riqueza cultural impresionante, y los alumnos deben tomar conciencia de ello”, aseveró.

La UAM tiene el deber de dar voz a las expresiones de cultura popular, pues en un mundo en transformación, esa es la única manera de sobrevivir como nación.

La cultura popular es resistencia frente a un país dividido, con índices de pobreza alarmantes. “La única manera de sobrevivir como nación es darle voz a las expresiones de cultura popular y la Universidad tiene que estar ahí, acompañando, interpretando, difundiendo”, puntualizó.

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