Celebra la Casa del Tiempo la Jornada Ayotzinapa en mi corazón


Número 570


El centro de extensión educativa y cultural de la UAM recordó los 11 años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos

Fue presentado el poemario Lo que aprendimos de Ayotzinapa, del historiador Aníbal Malaparte

Integrantes de la Asamblea General de los Pueblos, Barrios y Pedregales de Coyoacán contribuyeron con una muestra de mantas bordadas en solidaridad con los padres y madres de los jóvenes



Al cumplirse 11 años de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal “Raúl Isidro Burgos”, para recordar esos hechos el Centro Cultural y Académico Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) fue sede de la Jornada Ayotzinapa en mi corazón.

El programa constó de una exposición de mantas bordadas hechas en solidaridad con los padres y madres de los jóvenes de Ayotzinapa, Guerrero, por hombres mujeres y niños de la Asamblea General de los Pueblos, Barrios y Pedregales de Coyoacán, Ciudad de México, así como en la presentación de un poemario del historiador y poeta veracruzano Aníbal Malaparte.

Exhibidas en el vestíbulo del recinto, las mantas despliegan una fotografía de cada uno de los estudiantes y con letras bordadas una frase que alude a la esperanza de encontrarles. Y la principal, colocada en medio del espacio y que es mucho más grande que el resto, exige que no se cierre el caso Ayotzinapa y dar seguimiento a las cuatro líneas de investigación abiertas”.

“Tu ausencia duele, pero el recuerdo me hace luchar”; “Ayotzinapa mueve al mundo”; “no son solo memoria, son vida abierta”, “El maestro, luchando, también está enseñando”; “Luchamos porque los queremos en casa”; “Día y noche te buscamos”; “Justicia para Ayotzinapa”; “A él le gustaba hacer surcos y sembrar letras” y el infaltable “Vivos los llevaron, vivos los queremos”, son algunos de los mensajes que bordadoras y bordadores plasmaron en estos pequeños lienzos que recuerdan a quien los vea que “la lucha, sigue hasta encontrarlos”.

En la inauguración de la muestra la señora Elena López, de la Asamblea General de los Pueblos, Barrios y Pedregales de Coyoacán, expresó que han pasado 11 años y la herida sigue abierta, “pero qué bueno que estamos en esta casa, que nos abraza de corazón, a quienes queremos poner el nuestro”.

Y es en esa intención “que nuestra muestra, que lleva por título Ayotzinapa y Pedregales, un mismo corazón que late por la vida, es congruente con nuestro proyecto, que nació a partir de un plantón que hicimos en 2016, cuando la inmobiliaria Quiero Casa, llegó a construir tres edificios, pero cuando excavaron floreció un manantial, que sigue ahí enterrado, gritando ¡libertad!”.

Desgraciadamente la fuente de agua subterránea fue tapada con miles de toneladas de cemento, “pero ahí surgió la decisión maravillosa de acompañar con hilos de colores a los padres y madres de los jóvenes de Ayotzinapa”.

En ese plantón todos: hombres, mujeres y niños, “decidimos bordar por esta causa, para acompañar, para amar, pero también para denunciar, buscar y exigir la verdad”.

Comentó que cada quien decidió lo que iba a bordar y muchos buscaron saber qué le gustaba a cada normalista; así que “podemos ver un torito porque al muchacho le gustaba el jaripeo; a otro le gustaban los cuentos y por eso hay un Principito. Hubo también a quien le gustaba acompañar a sus papás a misa los domingos y el compañero bordó un rosario”.

En las mantas predominan también las tortuguitas porque Ayotzinapa “quiere decir lugar de tortugas, así como las flores, porque los jóvenes estaban en la flor de la vida”.

La señora Cristina Bautista Salvador, madre del estudiante desaparecido Benjamín Ascencio Bautista, relató algunos de los hechos ocurridos desde esa fecha y la lucha que han dado desde entonces para exigir la aparición de sus hijos y para evitar que el caso sea cerrado.

Recordó cómo se derrumbó la verdad histórica y que en 2022 el gobierno “aceptó o reconoció que fue un crimen de Estado”. Han sido 11 años difíciles de caminar y luchar, “pero aquí estamos con nuestras consignas de siempre porque vivos se los llevaron y vivos queremos de regreso a nuestros hijos”.

Por su parte, la maestra Cynthia Martínez Benavides, responsable de la Casa del Tiempo, dijo que para la Casa abierta al tiempo es muy importante generar estos espacios de encuentro, de escucha y de acompañamiento y que, “como universitarios, no seamos omisos frente a lo ocurrido aquel 26 de septiembre de 2014, y que aún estamos esperando a que se resuelva”.

La reflexión sobre realidades como esta “deben estar en el corazón de una universidad pública para evitar que esto vuelva a suceder y tratar de que se busque la justicia”.

En el marco de esta jornada se presentó el poemario Lo que aprendimos de Ayotzinapa, un libro-collage del historiador Aníbal Malaparte, quien explicó que se trata de un documento histórico e historiográfico de múltiples voces, un ensayo filosófico y un manifiesto político que describe una experiencia de vida que marcó a decenas de miles de jóvenes preparatorianos y universitarios que salieron a la calle a dar una buena batalla, a partir de Ayotzinapa.

El 26 de septiembre de 2014 representa una fecha y un acontecimiento histórico que marca el inicio de su participación en la esfera política, señaló.

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