La UAM refuerza su compromiso con el bienestar universitario y la cultura de paz
Número 592
Va más allá de la salud física o emocional; implica derechos, vínculos y desarrollo pleno
Los vínculos sociales significativos fortalecen el sentido de pertenencia y la estabilidad emocional del alumnado

“La mejor política en salud mental y seguridad institucional es la prevención. No podemos permitir que la violencia se normalice en nuestros espacios educativos”, advirtió el doctor Carlos Contreras Ibáñez, psicólogo social e investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En entrevista, mencionó que el bienestar universitario es un concepto integral que abarca mucho más que la salud física o emocional. “El bienestar implica el disfrute de derechos, el acceso a un entorno que permita el desarrollo pleno de la persona, la construcción de identidad, deseos y preferencias”. En este sentido, la universidad no solo debe garantizar condiciones académicas óptimas, sino también fomentar vínculos sociales significativos que fortalezcan el sentido de pertenencia y la estabilidad emocional de sus estudiantes.
Luego de los recientes hechos de violencia ocurridos en el CCH Sur, que han sacudido a la comunidad académica nacional, la UAM, consciente de los desafíos que enfrenta la educación superior en México, reafirma su compromiso de salvaguardar la integridad de su comunidad universitaria a través de sus valores institucionales, sustentados en la cultura de paz.
Los vínculos sociales, añadió el especialista, son fundamentales en la construcción de la personalidad y en la percepción de seguridad. “Somos seres sociales. Nos formamos a partir de las interacciones, y cuando estas son constructivas, nos abren al mundo; pero cuando son tóxicas o superficiales, como ocurre muchas veces en redes sociales, pueden generar entornos de violencia y exclusión”.
Cultura de paz: una responsabilidad institucional
La cultura de paz, lejos de ser una utopía, es una estrategia concreta que debe ser adoptada por las universidades públicas. “La paz positiva no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de construir soluciones conjuntas, de moderar la violencia y de generar vías alternas para resolver diferencias”, afirmó.
En este marco, la Casa abierta al tiempo ha avanzado en la implementación de políticas transversales, normas institucionales y redes de investigación que promueven la cultura de paz como parte de su modelo educativo.
El académico destacó la participación de la UAM en la Red de Investigación en Cultura de Paz, Justicia e Instituciones Sólidas, coordinada por el doctor Jesús Elizondo Martínez, de la Unidad Cuajimalpa, junto con otras universidades e institutos de salud. “No podemos seguir permitiendo que estas cosas pasen y no hacer nada. La cultura de paz debe ser parte de la formación integral de nuestros estudiantes”.
Los hechos ocurridos en el CCH Sur han generado una profunda preocupación en toda la comunidad educativa y estos sucesos no afectan únicamente a la institución donde ocurren, sino que repercuten en el conjunto del sistema educativo. “Todas las comunidades educativas están conectadas. Lo que ocurre en una institución hermana nos impacta emocionalmente y nos obliga a reflexionar sobre nuestra propia seguridad”.
El investigador indicó que estos hechos generan angustia, temor e indignación entre los estudiantes, y que las autoridades deben tomar medidas preventivas serias. “Es fundamental evaluar la salud mental de los alumnos, monitorear las redes sociales, atender los señalamientos de docentes que detectan señales de alerta y actuar oportunamente”.
Más allá del impacto inmediato, estos hechos afectan los planes, sueños y proyectos de quienes forman parte de la comunidad universitaria. Por ello, es urgente reforzar la confianza en las instituciones educativas mediante protocolos claros, simulacros, difusión de información y participación activa de toda la comunidad.
Prevención y participación comunitaria
Contreras Ibáñez aseveró que la mejor política en temas de salud mental y seguridad es la prevención. “Actualizar los protocolos, ejecutarlos en simulacros, difundirlos y habilitar a la comunidad para saber cómo actuar en caso de emergencia genera confianza y reduce el riesgo”, esta preparación no solo disuade posibles agresores, sino que fortalece el sentido de protección entre estudiantes, docentes y personal administrativo.
La colaboración entre todos los sectores de la institución es clave para crear entornos seguros y saludables; “no está bien que un profesor no sepa a quién acudir cuando detecta algo preocupante, o que piense que eso no le toca. Todos debemos sentirnos parte de la comunidad y saber que contamos con formas concretas de comunicación con las autoridades”, resaltó.
Además, señaló que la actualización docente no debe limitarse al uso de nuevas tecnologías o métodos de evaluación, sino incluir herramientas para vivir en el momento actual, que desafortunadamente no es el más pacífico. “La Casa abierta al tiempo debe formar ciudadanos capaces de gestionar conflictos, construir paz y transformar sus entornos”.
Finalmente, destacó que los jóvenes son el centro del proyecto universitario. “Cada vez que uno de nuestros alumnos regresa a su comunidad con nuevas herramientas para relacionarse, para dialogar, para construir paz, estamos cumpliendo con el objetivo formativo de la Universidad”.
La formación universitaria debe incluir el desarrollo de habilidades sociales, éticas y comunitarias que permitan a los jóvenes convertirse en agentes de cambio. “Los estudiantes llevan la bandera de lo que hayamos logrado construir con ellos en términos de cultura de paz”.
La UAM reitera su compromiso con el bienestar universitario, salvaguardando la integridad de su comunidad a través de sus valores institucionales, sustentados en la cultura de paz. Esta campaña busca fortalecer los vínculos, prevenir la violencia y formar ciudadanos capaces de transformar sus entornos con empatía, conocimiento y responsabilidad, puntualizó.