La Ceiba, símbolo y memoria de los pueblos mayas


Número 593


El árbol sagrado es el vestigio más importante que recuerda que antes de la conquista, las comunidades venían de la selva y fueron parte de la gran civilización maya.

Simboliza la conexión entre el cielo y la tierra, y permanece como emblema de resistencia, identidad y memoria cultural



Considerado como el árbol sagrado de la vida, la Ceiba simboliza la unión entre el cielo y la tierra en la cosmovisión de los pueblos mayas. Este árbol, que se erige como testigo de siglos de historia, se mantiene como un símbolo de resistencia espiritual y cultural que brinda identidad y arraigo territorial a las comunidades originarias, afirmó el doctor Aurelio Sánchez Suárez, de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Durante su conferencia magistral Las raíces de la Ceiba, presentada en el marco del Seminario de Investigación en Paisaje Cultural y Maya, celebrado en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el especialista explicó que “la ceiba es el vestigio más importante que nos recuerda que, antes de ser conquistados por los españoles, venimos de la selva, y que hace muchos siglos fuimos primero una comunidad maya”.

En el encuentro académico se discutió cómo la colonización española, con sus métodos de evangelización, persiguió y transformó múltiples expresiones culturales de los pueblos mayas. En este contexto, rescatar la ceiba como símbolo es un acto de resistencia que permite recuperar la historia, la memoria y la cosmovisión ancestral.

El doctor Sánchez Suárez señaló que la ceiba era un espacio de encuentro neutral. En torno a ella se realizaban rituales de año nuevo, con ofrendas al sol, que fortalecían la convivencia comunitaria y la identidad colectiva. Estos espacios naturales se transformaban en lugares sagrados que unían a las comunidades, reforzando su sentido de pertenencia y continuidad cultural.

La investigación presentada muestra que la conquista española fue un proceso largo y complejo, marcado por tensiones, resistencias y relaciones de convivencia. La quema de códices en el siglo XVI y la narración de la historia bajo la óptica de los conquistadores son un ejemplo de cómo se intentó reconfigurar la memoria cultural de los pueblos.

“Encontré un vínculo entre las capillas y los pozos en antiguos centros ceremoniales mesoamericanos ahora ocupados por comunidades actuales”, apuntó el doctor Sánchez Suárez. Con el apoyo de técnicas de cartografía social, participación comunitaria e información etnográfica, su investigación identificó que las capillas fueron construidas para ejercer control espiritual y social, muchas veces sobre basamentos piramidales, resignificando espacios sagrados prehispánicos.

El trabajo de campo incluyó visitas a capillas como las de San Antonio Ninkini, San Eusebio y San Román, así como a pozos sagrados como Cruz Ch’e’en, Chaaltun y el pozo número 29. Cada uno de estos lugares conserva testimonios vivos sobre la manera en que los pueblos mayas habitaban y defendían su territorio, integrando naturaleza, espiritualidad y vida comunitaria.

Uno de los aportes más significativos de esta investigación fue la elaboración de una carta filosófica maya, documento que recoge pensamientos y sentires de comunidades indígenas de la península de Yucatán. Esta carta, adoptada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y avalada por el comité científico de patrimonio cultural, sintetiza reflexiones filosóficas de varias culturas indígenas.

Presentada también en inglés como un documento para adoctrinar de referencia internacional, la carta reconoce la vigencia del pensamiento maya en el mundo contemporáneo y abre la puerta a que otras comunidades originarias hagan visibles sus propias cosmovisiones.

Hoy en día, la Ceiba no solo es un referente ambiental y paisajístico en la península de Yucatán, sino un emblema natural de identidad que recuerda la fortaleza cultural de los pueblos mayas frente a la imposición colonial. Su presencia en plazas, pueblos y antiguos centros ceremoniales es un recordatorio vivo de la resiliencia de la cosmovisión maya y de la importancia de proteger tanto el patrimonio natural como el cultural.

“La Ceiba, con sus raíces profundas y su copa que parece tocar el cielo, sigue siendo el puente entre lo humano y lo sagrado, y un símbolo que nos enseña a valorar nuestra memoria y a resistir al olvido”, concluyó el doctor Sánchez Suárez.

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