Valores compartidos, corazón de la cultura organizacional


Número 606


Caracterizada por una fuerte influencia de cualidades sociales y tradiciones, priorizando el respeto, el trabajo en equipo y las relaciones personales sólidas

Las organizaciones enfrentan la necesidad de adoptar una cultura de responsabilidad social, con impacto positivo y sostenible



La cultura mexicana valora las relaciones familiares y comunitarias, lo que se traduce en la búsqueda de un ambiente de trabajo y desarrollo académico cálido y cercano, donde los lazos personales son fundamentales, afirmó en entrevista el doctor Jesús Zavala Ruiz, profesor del Departamento de Economía y coordinador de Sistemas Escolares de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En ese contexto, el académico explicó que la cultura organizacional es el conjunto de valores, creencias, normas y expectativas compartidas por los miembros de una organización que definen la forma en que se perciben, se piensan y se sienten respecto de los problemas internos y externos.

Además, establece la “personalidad” de una empresa o una institución académica, influye en el comportamiento, mejora el compromiso y la estabilidad, y actúa como un marco para la toma de decisiones.

En México, se caracteriza por la importancia de las relaciones personales y la familia, el respeto a la autoridad y la jerarquía, así como a una tendencia a la comunicación indirecta y al consenso en la toma de decisiones.

También se valora el reconocimiento del logro individual y colectivo, aunque existe un interés creciente por el desarrollo de la productividad, es fundamental entenderla y fortalecerla para asegurar la adaptación y el éxito.

El especialista en análisis organizacional desde la perspectiva de la sociología clínica ilustró la cultura organizacional en la educación como un carácter único de cada institución, que es dictado por sus normas y creencias, manifestándose en el día a día de su comunidad; estas prácticas compartidas definen la “personalidad” de una escuela o universidad, influyendo en la interacción entre directivos, docentes y estudiantes.

Entre sus componentes destacó los “valores y creencias”, principios fundamentales que guían las acciones y decisiones de los miembros de la institución, como la búsqueda de la excelencia académica o la atención a la diversidad.

Definió las “normas y prácticas”, como reglas no escritas y procedimientos que definen cómo se deben realizar las actividades académicas, desde la interacción entre docentes hasta la manera en que se manejan las clases, en tanto describió los “símbolos y artefactos” como elementos visibles: el diseño de las instalaciones, los programas de estudio, la tecnología utilizada y los distintivos institucionales que reflejan la identidad de la escuela.

Como componente importante resaltó el “liderazgo” como el rol de la autoridad, fundamental para construir y consolidar una cultura organizacional fuerte que impulse los valores predominantes y fomente la colaboración.

Bajo esta premisa, reconoció que este conjunto de valores, creencias, normas y prácticas es crucial porque moldea la identidad del estudiante, influye en los estilos de aprendizaje y enseñanza, promueve la convivencia e inclusión, y es el fundamento para el logro de objetivos institucionales.

Así, una cultura escolar positiva potencia el rendimiento académico y el bienestar, mientras que la diversidad cultural enriquece la experiencia educativa y prepara a los alumnos para un mundo globalizado.

El maestro y doctor en Estudios Organizacionales acentuó los aspectos clave en una organización escolar, sobresaliendo la “cultura de respeto y no discriminación”, que promueve una práctica institucional que pondere los derechos humanos y tenga perspectiva de género, fundamental para un entorno laboral y educativo sano, libre de violencia y discriminación.

Puntualizó la “relación docente-estudiante” como aquella dinámica cultural que influye en la comunicación entre profesores y alumnos; algunas culturas fomentan el respeto absoluto al maestro, otras promueven un diálogo más horizontal.

Las organizaciones deben ser conscientes que las personas que trabajan para ellas cumplen un papel fundamental, por esto se debe valorar sus aportes y crear un vínculo que lleve a generar un sentido de pertenencia y un compromiso total con la organización, aseguró el también ingeniero agrónomo especialista en irrigación.

Por ello, las instituciones de educación superior deben apropiarse de la cultura organizacional para poder explorar las costumbres, conocimientos y aspectos propios de cada comunidad que resultan útiles para brindar una educación con altos estándares de calidad.

El personal humano, la responsabilidad social, el cumplimiento de políticas y normas son aspectos fundamentales para poder responder a los requerimientos de la sociedad y a ser competitivos en el mercado con base en las necesidades del entorno.

La parte más importante de una institución es el recurso humano; es decir, si las personas que conforman la organización se sienten cómodas y valoradas, esto se refleja en su comportamiento y estas acciones positivas permitirán mejorar los procesos, así como evaluar fortalezas y debilidades y planear estrategias que posibiliten una mejora, aseguró.

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