Factores psicosociales y consumo de alcohol en la juventud, un análisis crítico


Número 612


Las normas culturales y sociales desempeñan un papel crucial en los hábitos de consumo y la percepción del alcohol

La dificultad para emplear el tiempo libre de manera adecuada puede ser un factor que impulse a los jóvenes hacia actividades de riesgo



El consumo de alcohol en los jóvenes tiene múltiples causas relacionadas con el desarrollo social y el entorno en el que crecen, dijo en entrevista la doctora María Laura Margarita Díaz Leal Aldana, profesora e investigadora del departamento de Relaciones Sociales de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

La académica, experta en la temática social y materias conexas, explicó que factores como la presión de grupo, el ambiente familiar, la búsqueda de estatus social y la gestión de las emociones negativas pueden influir en el inicio y la progresión del alcoholismo en la adolescencia.

Señaló que, en México, uno de cada cuatro jóvenes de 12 a 17 años consume alcohol y se encuentra trabajando. El consumo está asociado a una mayor probabilidad de trabajar a una edad temprana, y la situación laboral podría fomentar una mayor dependencia de este.

El consumo excesivo en el último mes mostró un aumento significativo de 4.3 a 8.3 por ciento. En los hombres se mantuvo estable (6.3 y 8.9 por ciento respectivamente), en tanto que, en las mujeres, aumentó significativamente (de 2.2 a 7.7 por ciento), como lo revela la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT).

La doctora Leal Aldana refirió que en la adolescencia existe una elevada predisposición a sufrir adicción al alcohol y otras drogas, ya que en esta fase la búsqueda de identidad propia, querer revelarse ante el sistema y encajar socialmente, es un factor de riesgo para el inicio del consumo de sustancias, lo cual puede llevar a algunos adolescentes al abuso y la adicción de estas.

Puntualizó que desde una perspectiva sociología, la ingesta de alcohol en los jóvenes no es solo una conducta individual, sino un fenómeno social complejo, entrelazado con la socialización, las normas culturales y las estructuras sociales.

El alcoholismo juvenil se aborda como una disfunción dentro del sistema social, analizando el contexto más amplio en el que se desarrolla y las consecuencias que tiene en el individuo y en su entorno.

Es así que, las normas culturales y sociales influyen profundamente en cómo las personas interactúan con el alcohol, ya que dictan qué es un consumo aceptable y cómo se relaciona con la vida cotidiana, la identidad de género y la pertenencia grupal, subrayó.

Estas normas configuran los patrones de consumo y la percepción del riesgo asociado, pudiendo normalizar hábitos peligrosos o, por el contrario, establecer límites y promover la moderación.

La especialista enfatizó que la prevención y atención de adicciones en la familia son cruciales porque el entorno familiar es la primera y más influyente red de apoyo para sus miembros. “Un ambiente familiar sano funciona como un factor protector, mientras que uno disfuncional aumenta el riesgo de desarrollar adicciones”.

Una comunicación abierta y sin juicios permite a los padres detectar a tiempo cambios en el comportamiento de los hijos, lo que puede ser una señal de alerta de problemas de adicción, indicó.

En esa línea sostuvo que la atención de adicciones en las escuelas es fundamental porque estos centros educativos son entornos ideales para fomentar la toma de decisiones saludables en los estudiantes y mitigar los factores de riesgo.

A través de programas bien estructurados y la participación de la comunidad educativa, es viable reducir las tasas de consumo de sustancias, mejorar el rendimiento académico y crear un ambiente escolar más seguro.

En un tono reflexivo, Leal Aldana abundó que el consumo de alcohol en adolescentes tiene serias consecuencias académicas, sociales y emocionales, incluyendo el aislamiento, el riesgo de desarrollar trastornos de salud mental como depresión y ansiedad, y la participación en comportamientos peligrosos y violentos.

Es crucial entender que el cerebro adolescente es particularmente vulnerable a estos efectos, lo que aumenta la probabilidad de desarrollar una adicción en la edad adulta y de tomar decisiones que pongan en riesgo su futuro, por lo que es fundamental la educación y la prevención.

Precisó la importancia de que los jóvenes reciban información veraz sobre los riesgos del alcohol, a menudo ignorados o minimizados por la publicidad, para que tengan la posibilidad de tomar decisiones informadas y responsables sobre su salud.

Una educación sobre adicciones oportuna y precisa es la mejor herramienta para evitar el inicio del consumo de sustancias. Al informar a niños y jóvenes sobre los efectos nocivos, puede retrasarse la edad de inicio y evitar que el uso se convierta en un problema grave.

Reveló que las universidades deben jugar un papel activo y multifacético en la prevención del consumo de alcohol, implementando políticas claras, ofreciendo programas de educación y concientización, y creando un entorno de campus que fomente hábitos saludables.

Es crucial establecer y aplicar políticas universitarias que reduzcan la disponibilidad de alcohol, prohibiendo su venta en el campus y sus alrededores, aplicando normativas para prevenir el consumo excesivo.

Además, se deben ofrecer canales de asesoramiento psicológico y médico, así como crear oportunidades de debate y reflexión para el estudiantado, contribuyendo así a un ambiente universitario más seguro y saludable, concluyó.

YouTube
Instagram
Tiktok