Gobernanza ambiental: colaboración entre UAM y Conanp
Número 637
Acuerdan impulsar formación especializada, investigación aplicada y modelos de gestión interdisciplinarios
Buscan enfrentar los retos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la presión urbana sobre ecosistemas estratégicos


“Tenemos que buscar soluciones concretas a problemas concretos, con una conservación incluyente y una visión humanista”, afirmó el doctor Pedro Álvarez Icaza Longoria, comisionado nacional de Áreas Naturales Protegidas, al concluir su reunión con el rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), doctor Gustavo Pacheco López; la frase sintetiza el espíritu de una alianza institucional que busca repensar la conservación ambiental desde la academia, la ciencia y la participación comunitaria.
En un contexto marcado por la urgencia climática, la expansión urbana y la necesidad de fortalecer la gobernanza ambiental, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y la UAM han iniciado una colaboración estratégica para articular capacidades académicas, científicas y territoriales en favor del patrimonio natural del país.
Uno de los ejes centrales del acuerdo es la creación de programas formativos en gestión de áreas naturales protegidas. “No existe una carrera formal en esta materia; se construye en el camino”, reconoció Álvarez Icaza Longoria. Por ello, la Conanp busca apoyarse en la experiencia curricular de la Casa abierta al tiempo para diseñar diplomados, trayectos formativos y esquemas alternativos que respondan a las complejidades del territorio y a los desafíos contemporáneos de la conservación.
La propuesta incluye la incorporación transversal de contenidos ambientales en diversas disciplinas, desde el derecho hasta la arquitectura, con el fin de formar profesionales capaces de integrar criterios ecológicos en sus decisiones. “Un abogado debe conocer el marco ambiental; un arquitecto, diseñar con sensibilidad ecológica; un urbanista, entender el manejo de residuos en zonas protegidas”, enfatizó el comisionado.
Investigación aplicada y laboratorios de decisión
Además de la formación, la colaboración contempla el desarrollo de laboratorios de investigación orientados a la toma de decisiones. Estos espacios permitirán vincular tesis, proyectos de posgrado y servicios sociales con problemáticas reales en campo, como la vigilancia, conectividad ecológica o restauración de ecosistemas. La idea es que estudiantes y académicos participen activamente en áreas protegidas, generando conocimiento útil para la gestión territorial.
Álvarez Icaza Longoria propuso incluso la creación de un grupo de reflexión epistemológica sobre problemas complejos, capaz de integrar saberes diversos y construir soluciones integrales.
La UAM cuenta con Unidades académicas que ya trabajan en territorios clave para la conservación. La sede Cuajimalpa, por ejemplo, ha desarrollado investigaciones sobre humedales en el Alto Lerma, mientras que el proyecto agroalimentario en Xochimilco representa un modelo de conservación biocultural que la Conanp busca replicar. “Ese vínculo entre agro y biodiversidad es un valor agregado que queremos incluir en nuestras estrategias”, señaló.
También se destacó el potencial del turismo comunitario como herramienta de conservación y desarrollo local, así como la experiencia de la Institución en manejo del agua, economía circular y restauración de cuencas. En este último punto, la colaboración será clave para definir una nueva categoría de conservación hídrica en la próxima reforma a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.
Retos estructurales y visión compartida
La Conanp enfrenta desafíos estructurales que requieren alianzas estratégicas. Con casi 100 millones de hectáreas bajo protección federal y la meta de sumar 50 millones más en seis años, el organismo busca modelos de gestión compartida con universidades, gobiernos locales y comunidades rurales. “Nuestros principales aliados son las comunidades; son los primeros guardianes de la conservación”, afirmó el funcionario.
Ante la escasez de recursos, se apuesta por esquemas transversales, tipologías de intervención y mecanismos alternativos que permitan conservar dentro y fuera de las categorías tradicionales. En este sentido, la UAM representa una plataforma privilegiada para innovar, experimentar y construir una conservación incluyente, con enfoque humanista y territorial.
El impacto del cambio climático sobre las áreas naturales protegidas es innegable. Alteraciones en los patrones de lluvia, sequías prolongadas, expansión de enfermedades como el dengue en zonas antes templadas, y la aparición de plagas forestales en altitudes inusuales son solo algunos ejemplos. “Tenemos que reconocer que el cambio climático es real y nos obliga a adaptar y mitigar”, advirtió el comisionado.
Una de las respuestas será la incorporación de corredores biológicos como medida efectiva de conservación, en línea con los compromisos internacionales suscritos por México, como el Acuerdo de Montreal sobre Diversidad Biológica. Esta categoría permitirá conectar ecosistemas fragmentados, facilitar el desplazamiento de especies y aumentar la resiliencia territorial frente a fenómenos extremos.
Alianza para el futuro
Más allá de los acuerdos técnicos, el mensaje de Álvarez Icaza Longoria a la comunidad universitaria fue: “Sean irreverentes, cuestionen lo establecido, busquen alternativas conciliadoras y pacíficas desde la construcción de la paz y la sociedad de los cuidados”. Para el comisionado, la defensa del patrimonio natural no solo implica proteger la biodiversidad, sino también transformar las relaciones humanas, construir empatía y promover una ética del cuidado.
La alianza entre la Conanp y la UAM representa una oportunidad histórica para reconfigurar la conservación en México desde el conocimiento, la participación y la innovación. En tiempos de crisis climática y pérdida acelerada de biodiversidad, el papel de las universidades como generadoras de soluciones, formadoras de conciencia y articuladoras de territorios cobra una relevancia estratégica.
Con esta colaboración, se abre una nueva etapa en la gestión ambiental del país, donde la ciencia, la educación y el compromiso social se unen para construir un futuro más justo, resiliente y sostenible.