Investigador de la UAM alerta sobre cambio generacional en cáncer de mama


Número 648


Aumentan los casos de cáncer de mama en mujeres desde los 20 años: Jiménez Salazar

El uso indiscriminado de anticonceptivos, fitoestrógenos y productos sintéticos puede estimular la proliferación tumoral


“Hace diez años, el cáncer de mama afectaba principalmente a mujeres mayores de 57 años. Hoy, los casos se presentan desde los 20; es una alerta epidemiológica que no podemos ignorar”, afirmó el doctor Javier Esteban Jiménez Salazar, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), al resumir el giro generacional que ha tomado una de las enfermedades más frecuentes y mortales entre las mujeres mexicanas.

Desde su laboratorio, el especialista de la Unidad Iztapalapa ha documentado este cambio en el perfil epidemiológico, respaldado por estudios recientes. La enfermedad se presenta ahora en mujeres jóvenes, muchas de ellas sin antecedentes familiares, en edad reproductiva, y con factores de riesgo que van más allá de la genética. “Son personas que están en plena etapa productiva y eso cambia por completo el enfoque clínico, social y científico que debemos tener”.

Hormonas, hábitos y desinformación: factores de riesgo

Aunque los genes BRCA1 y BRCA2 son relevantes, representan entre el 20 y el 26 por ciento de los casos. El verdadero peso está en los factores hormonales, que explican más del 70 por ciento de los diagnósticos.

Lo anterior, dijo, se dividen en internos: menopausia temprana, menopausia tardía o nuliparidad; y externos: uso de anticonceptivos, terapias hormonales y exposición a disruptores endocrinos presentes en cosméticos, suplementos y alimentos ultraprocesados.

“Muchas jóvenes consumen hormonas sin control, pastillas de emergencia, fitoestrógenos o productos para rejuvenecer que actúan como imitadores hormonales. Todo eso puede estimular la proliferación tumoral”, explicó en entrevista el docente. A ello se suma la falta de cultura de prevención: exploración mamaria, mastografías, revisiones médicas periódicas. “En México, 90 por ciento de los casos se detectan en etapas avanzadas. Es una cifra alarmante”.

Detección temprana

Jiménez Salazar nos habló ante el 19 de octubre, fecha en que se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, una fecha impulsada por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) para visibilizar esta enfermedad, promover la detección temprana y garantizar el acceso a tratamientos oportunos. En México, la Secretaría de Salud se suma cada año con campañas de sensibilización y jornadas de mastografía gratuita, especialmente dirigidas a mujeres mayores de 40 años.

El cáncer de mama es el tipo más frecuente en mujeres a nivel mundial, de acuerdo con estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 se registraron más de 670 mil muertes por esta causa.

En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), indica que en 2023 se registraron 8,034 muertes por cáncer de mama en la población mexicana de 20 años y más, de ellos, 99.5 por ciento correspondió a mujeres. A nivel nacional, la tasa de mortalidad en este grupo fue de 17.9 por cada 100 mil mujeres, siendo Sonora el estado con la tasa más alta (27.5) y Campeche el más bajo (9.9).

El especialista señaló que, aunque el cáncer de mama afecta predominantemente a mujeres, también puede presentarse en hombres, aunque en menor proporción: entre el 0.5 y el 1 por ciento de los casos. La OMS ha subrayado que la mayoría de los diagnósticos ocurre en personas sin factores de riesgo específicos, lo que refuerza la importancia de realizar revisiones periódicas, incluso en ausencia de síntomas.

Ciencia desde el laboratorio

Un equipo dirigido por el doctor Pablo Damián Matsumura ha abordado el cáncer de mama desde múltiples ángulos. Primero, desde la biología molecular, a través del análisis de la expresión genética asociada a la migración y metástasis de células tumorales. Luego, desarrollaron terapias dirigidas con nanopartículas de oro y sensores nanoestructurados capaces de detectar tumores HER2 positivos.

“Los ensayos in vitro funcionaban muy bien, así que pasamos a modelos in vivo con embriones de pollo. Los resultados fueron igual de prometedores”; en una tercera etapa, el grupo inició colaboraciones con gente de nanotecnología de la Unidad Iztapalapa, de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Secretaría de la Defensa Nacional, accediendo a biopsias de pacientes en hospitales militares.

“Con esas muestras, generamos cultivos primarios. Ya no solo hacemos ciencia básica, ahora estamos en la fase translacional, probando directamente en tejidos humanos lo que antes solo era experimental”, compartió.

En uno de sus estudios más recientes, el equipo buscó analizar la relación entre cáncer de mama y diabetes, mediante una cohorte de cinco mil pacientes. “Queríamos estudiar el efecto de medicamentos como la metformina y el propranolol en personas con ambas condiciones. Pero al filtrar por edad, solo nos quedaron 40 casos. Eso nos confirmó que la edad de incidencia se ha desplazado: ya no son mujeres mayores con comorbilidades, son jóvenes sin antecedentes clínicos graves”.

Este hallazgo llevó al equipo a replantear sus bases de datos y estrategias de captación. “Necesitamos nuevas campañas, nuevos canales, nuevos lenguajes. Hay que hablarle a la juventud desde sus espacios: redes sociales, universidades, medios digitales. Hay que hacerlo ya”.

Ciencia que informa y transforma

Para el académico, las instituciones de educación superior tienen una responsabilidad clave en la divulgación científica sobre temas de salud. “Desde aquí podemos incidir directamente en nuestros alumnos, en sus hábitos, en su conciencia. Podemos desmontar mitos, promover el autocuidado, generar cultura de prevención. Y formar investigadores que entiendan la urgencia de estos temas”.

Aunque las redes sociales son una vía poderosa, no toda la población tiene acceso a ellas. “Hay regiones donde la información no llega. Y eso agrava la desigualdad en el diagnóstico y tratamiento”, advirtió el investigador.

Un estudio reciente sobre distribución geográfica del cáncer de mama en México reveló que la mayor incidencia se concentra en los estados del norte, centro y bajío, como Ciudad de México, Estado de México, Guadalajara y Guanajuato, mientras que en el sur la incidencia es menor.

“Esto se asocia al poder adquisitivo. Quienes tienen más recursos consumen más productos ultraprocesados, más cosméticos sintéticos, más suplementos sin control. Eso eleva el riesgo. Es paradójico, pero real. Por eso, la información debe llegar a todos, sin importar el nivel económico o educativo”.

En cuanto al futuro de la medicina frente al cáncer de mama, el investigador es optimista e indicó que, “hay avances importantes en detección, diagnóstico y tratamiento. El oncotraining (entrenar al sistema inmune para atacar células tumorales) funciona bien. Pero el gran reto es la especificidad”.

En la actualidad, muchos fármacos pueden eliminar células tumorales; sin embargo, afectan células sanas, lo que genera efectos secundarios severos. “El objetivo es encontrar moléculas, anticuerpos o nanopartículas que ataquen exclusivamente las células tumorales. Eso reduciría los daños colaterales y mejoraría la calidad de vida de los pacientes”.

“La prevención empieza por el conocimiento, el cual debe venir de fuentes confiables, desde la Universidad, los laboratorios, desde quienes investigamos todos los días esta enfermedad. No podemos quedarnos callados”, aseveró Jiménez Salazar.

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