Mercado global, generador de industria inclusiva: investigador de la UAM
Número 657
Se apropia de reivindicaciones y demandas, anula las luchas para potenciar la producción y reproducción del capital
La industria cultural toma ventaja de las diferencias para crear nuevos mercados y productos


Lo que tendría que ser una orientación ética sobre cómo se incluye la diversidad sociocultural en las narrativas de las industrias culturales “se ha convertido en parte de un mercado que lo que busca es incorporar y capitalizar la inclusión” para atender ciertos nichos de mercado, sostuvo el doctor André Dorcé Ramos, investigador de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Al su participar en el coloquio Las industrias del racismo en el siglo XXI, en el marco del 50 aniversario del Departamento de Antropología de la Unidad Iztapalapa, expuso que “hoy día se ha desarrollado a nivel global una industria de la inclusión”.
Explicó, citando al pedagogo norteamericano Henry Giroux, que “a medida que los individuos se posicionan cada vez más dentro y a través de una variedad de identidades, necesidades y estilos de vida, el capital aprovecha esas diferencias para crear nuevos mercados y productos. Las ideas que prometen producir crítica social se insinúan en productos en un intento de subyugar la dinámica de la lucha social a la producción de nuevos estilos de vida”.
El capital, por lo tanto, “tiene la capacidad de absorber las reivindicaciones, las demandas, estilizarlas, ratificarlas e incorporarlas en su lógica de activación y las luchas no solo se anulan, sino se potencian en la producción y reproducción del capital”.
Lo anterior lleva a la pregunta: “¿Es posible un capitalismo que no sea racista?, que da pie a una serie de especulaciones, entre ellas hay quienes dicen que sí, puntualizó.
Como evidencia de ello, describió el caso de McKinsey y Compañía, una de las corporaciones más grandes en el mundo, dedicada a reconfigurar los recursos humanos de todo tipo de empresas para generar una lógica estratégica en la tecnificación de la producción de servicios y productos, da asesoría a todas las grandes firmas a nivel global.
Esta empresa, participante en el Foro Económico Mundial, promueve la idea “de que la inclusión, como una política y como una estrategia de construcción de marca, es deseable porque aumenta el rédito capital”.
Añadió que “curiosamente el capital ha sido bastante benévolo y hasta generoso en aceptar esta lógica de interseccionalidad y mencionar que nos viene bien incorporar mujeres, hombres, personas trans, personas con algún tipo de discapacidad, porque eso no solamente incide positivamente en la construcción de imagen, sino porque además nos permite dedicarnos de manera muy exclusiva a distintos nichos de mercado”.
Por otro lado, el investigador se refirió a un estudio que realiza sobre más de 20 telenovelas mexicanas, en particular sobre las tonalidades de piel de los protagonistas, “lo que encontramos es que el promedio de los elencos correspondía a los primeros tres tonalidades más claras de piel; es decir, son elencos blancos. Se analizaron también algunas series de plataformas y los resultados son prácticamente iguales”.
El especialista en estudios de comunicación y cultura agregó que el capitalismo de las plataformas, como Netflix o Amazon Prime, tiene un modelo de ingresos por suscripción y hacen “una extracción sistemática de análisis de datos para tratar de entender todo lo que sucede en esas mediaciones y en esos ambientes”.
Hay, por supuesto, una mercantilización de la atención y de los mismos datos; por ello “están pendientes de todo lo que vemos, todo lo que escuchamos y cómo nos movemos en esas interfaces”.
La producción de contenido está orientada por criterios de rentabilidad; ven “qué series son las más populares, cuáles son los actores y las actrices más seguidas, etcétera”.
El profesor-investigador del Departamento de Ciencias de la Comunicación consideró necesario “pensar cómo se montan estas lógicas dentro del esquema del racismo como entretenimiento y su dimensión lúdica y cómo se mimetizan, en la práctica de su reproducción”.
El doctor Amílcar Chavarría Cruz, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, presentó El racismo sistémico y su normalización a través de los memes y planteó que a través de estos elementos audiovisuales “compartimos mentalidades, valores o significados, y gracias a la facilidad tecnológica aparece la disposición para que yo capture algo, lo observe y lo pueda replicar”.
La idea del racismo aparece cuando compartimos algo en lo cotidiano, que para todos es normal o habitual, pero que el usuario lo transforma en un recurso con un “interés implicado en procesos de dominación y que generan un capital económico para quien usa estos medios”.
El meme se vuelve entonces “una estrategia que compartimos en ocasiones de forma racional, de forma consciente y nos provoca alegría, risa y funciona como un proceso de integración social, pues si yo comparto memes, ideas que de alguna forma se normalizan, este tipo de expresiones obviamente funcionan, en el sentido de catalogar a las personas por un tono de piel por pertenecer a ciertas zonas geográficas, por tener ciertas funciones socioeconómicas, y el meme contribuye a ello”, finalizó.