Ofrenda Abierta al Tiempo


Número 685


Estamos hechos de historias que nos permiten reconocernos a lo largo del tiempo.



La Noche de Museos de la Casa de la Primera Imprenta de América de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se llenó de color y luz con las veladoras que guiaron a los visitantes en el recorrido por la Ofrenda Abierta al Tiempo, realizada en colaboración con la Coordinación General de Difusión y la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la Unidad Xochimilco.

Durante la inauguración, el arquitecto Francisco Haroldo Alfaro, director de la División, destacó la importancia de que este recinto universitario reciba proyectos de las Unidades académicas, con el propósito de compartir el trabajo que se desarrolla en las divisiones de las cinco sedes de la UAM y fortalecer la preservación de la cultura.

Explicó que el trabajo universitario trasciende las aulas, pues también se proyecta en espacios públicos. Al aceptar la invitación para participar, consideró significativo hacerlo en el marco del 50 aniversario de la División. Por ello, convocaron a egresados de distintas disciplinas del diseño, quienes conformaron un equipo multidisciplinario que exploró diversas formas de representación y su transformación a lo largo del tiempo. El resultado, una propuesta que integra investigación, creatividad y tecnología.

El doctor Francisco Javier Soria, rector de la Unidad Xochimilco de la UAM, resaltó la vitalidad de la Casa de la Primera Imprenta y celebró que el Día de Muertos combine tradición y diseño. Señaló que esta unión permite reinterpretar la herencia cultural desde una mirada contemporánea, renovando el sentido de una práctica con siglos de historia y arte.

La maestra Ana Sonia Orozco, secretaria Académica de la División y coordinadora del proyecto, subrayó que la iniciativa demuestra el “legado uamero”, ya que los egresados respondieron con entusiasmo a la convocatoria. “La universidad nos enseña a dejar huella; parte de ese aprendizaje consiste en reconocernos a través del tiempo”, expresó.

Añadió que reflexionar sobre la muerte implica reconocer las formas de vida y pensamiento que han dejado los antecesores, cuya herencia constituye la base de la cultura actual.

El egresado Joel Hernández López explicó que la ofrenda representa un proceso colectivo. “Decidimos trabajar sobre los nueve niveles del Mictlán e incorporar los 50 años de la División. Todo comenzó con un punto que se transformó en línea, y de ahí surgió una narración visual en la que cada pieza se enlaza con la siguiente”.

A través de un código QR, el público puede acceder a una aplicación con elementos de realidad aumentada que animan cada lámina y permiten seguir la secuencia narrativa. La exposición permanecerá abierta hasta el 4 de noviembre.

Recorrido de la Ofrenda

El recorrido inicia con una representación de lo esencial y rústico. En seguida, aparece el abismo, simbolizado por colibríes, donde se vincula la historia con el aniversario de la División. Continúa con la formación del alma y la chispa del colibrí, que se transforma en Yolotl, el personaje Q, quien evoluciona hasta convertirse en Xólotl, figura asociada a la guía en el Mictlán.

En otra pieza, Q avanza con el corazón encendido junto a sus tótems. Se distinguen elementos del Mictlán como el río, los pedernales, las lanzas y la pantera negra, incorporada como símbolo de la UAM. También aparecen la rana y el Xólotl, acompañantes que mantienen la chispa vital frente a la adversidad.

Las siguientes láminas muestran a Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, con penachos de flor de cempasúchil y de agua. Luego aparece la conquista y su impacto destructivo: el personaje flota en el agua con el cabello convertido en cempasúchil, enlazando las obras. Otra lámina presenta un manto estrellado que alude a la Virgen de Guadalupe, emblema de las nuevas creencias.

Más adelante, la imagen de la Virgen se transforma en catrina. El personaje, tras superar los niveles del inframundo, sostiene un corazón de cristal que dirige la fe hacia el presente y el futuro.

En la última sección, Q se muestra con el cabello suelto, rodeado de los elementos tradicionales de la ofrenda: pan de muerto, retratos y velas. Esta escena rinde homenaje a Carlos Monsiváis y proyecta una visión futura, donde los tótems se representan como cyborgs, para reflejar la creencia perdura más allá del tiempo.

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