Diseño, elemento para la transformación social
- Fomenta comportamientos prosociales y conciencia ética
- La disciplina contribuye a la modificación de hábitos y al fortalecimiento de vínculos comunitarios: investigadora de la UAM


Número 133
Desde el diseño se contribuye a generar conciencia, cambiar hábitos y fortalecer vínculos sociales a partir de una perspectiva ética y crítica, consideró la doctora Deyanira Bedolla Pereda, investigadora del Departamento de Teoría y Procesos del Diseño de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Promotora de una visión crítica del denominado “diseño emocional”, con el objetivo de orientar esta perspectiva hacia fines sociales y no solo comerciales, explicó que esta corriente surgió de manera formal a finales del siglo XX con la creación de la Design and Emotion Society en la Universidad de Delft, en 1999, y fue popularizado en 2002 por el psicólogo cognitivo Donald Norman con la publicación de su libro Emotional Design.
Un ejemplo de esta aplicación es el diseño lúdico de contenedores de basura con forma de canasta de basquetbol, que incentivan a las personas a depositar desechos como si encestaran un balón. Otro caso es la intervención de escaleras en estaciones de transporte público, modificadas en teclas de piano, lo que motiva a los usuarios a utilizarlas en lugar de las eléctricas y así reducir el consumo de energía.
Sin embargo, la doctora Bedolla Pereda cuestiona el uso que se le ha dado a esta corriente, ya que estima que se ha empleado en muchos casos para fomentar el consumismo, al crear objetos y espacios “seductores” que incentivan la compra y orientan conductas con fines mercantiles.
A partir de esta base teórica, la docente avanzó hacia el estudio de los estados anímicos, al considerar que las sensaciones originadas por la percepción sensorial poseen relación con la generación de estados de impulso. En la actualidad, su propuesta se centra en una ampliación que contempla tanto reacciones afectivas como sentimientos y estados de ánimo.
La diferencia central, detalló en entrevista, radica en el propósito, pues en lugar de diseñar para incrementar ventas, su planteamiento busca aprovechar la capacidad para generar estímulos que promuevan comportamientos prosociales, como el cuidado del medio ambiente o la solidaridad. En las aulas, esta visión se traduce en proyectos vinculados con violencia de género, transporte público o dinámicas comunitarias, donde el alumnado analiza situaciones reales y propone soluciones sistémicas partiendo de distintas áreas del conocimiento.
En el ámbito educativo, Bedolla Pereda ha impulsado iniciativas con sus estudiantes orientadas a problemáticas de salud y cohesión social. Entre ellas, el diseño de platos con porciones ilustradas para fomentar hábitos alimenticios saludables frente a la obesidad, o máquinas lúdicas que invitan a donar sumas de dinero para vacunas, alimentos o adopción de animales, que apelan a la experiencia de juego para despertar conciencia social.
Estos esfuerzos también se articulan en la Red Académica de Diseño y Emociones (RADE), creada en 2014 e integrada por expertos de México y otros países como España, Finlandia y Nueva Zelanda. La agrupación organiza seminarios bianuales y ha generado diversas publicaciones escolares, tanto en revistas indexadas como en libros editados por la UAM y editoriales comerciales.
En la Unidad Cuajimalpa opera el grupo de trabajo Diseñologías, que incorpora enfoques anticapitalistas y anticoloniales para cuestionar la subordinación histórica del diseño a la industria y al mercado. Bajo esta óptica, la labor profesional debe orientarse a resolver problemáticas sociales contemporáneas mediante sistemas integrales que pueden incluir objetos, servicios, información y espacios. Para Bedolla Pereda, que el diseño adopte estas líneas y propuestas para una universidad pública, es una oportunidad para convertir la materia en una herramienta humanista, capaz de incidir en problemas sociales y ambientales urgentes.