Testigo de la vida cultural y científica


  • La cultura forma parte de la vida universitaria y de una labor informativa que durante décadas
  • La publicación ha acercado a la sociedad los saberes, las artes y las ideas producidas en la UAM
  • Sus páginas han dado cuenta de exposiciones, libros, cine, música e investigaciones surgidas en la Universidad
  • En sus primeras ediciones registraron la apertura de la Galería Metropolitana y los debates sobre una política cultural universitaria

Número 766

El quehacer informativo de una universidad no se limita a comunicar sus actividades, también da cuenta del conocimiento que produce, de las ideas que discute y de las expresiones culturales que integran su vida. En la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), esta labor tiene lugar en el Semanario de la UAM, órgano informativo de la Institución, un medio desde el cual se difunde la ciencia, la cultura, las artes y las voces de su comunidad.

Desde sus primeros años, la publicación, entonces bajo el nombre de Órgano Informativo, acompañó la construcción de la Casa abierta al tiempo que comenzaba a definir sus espacios académicos y de difusión. Entre 1976 y 1984, sus páginas reunieron una vida institucional diversa, poesía, música, literatura, cine, producción editorial, artes plásticas, política cultural, investigaciones y avances tecnológicos.

Una de las muestras de esa variedad aparece en 1976, con una nota sobre la semana cultural de Senegal y otra que planteaba que “La poesía responde a una necesidad social”. Un año después, el interés por el patrimonio musical recibió atención específica con el señalamiento de que México carecía de una biblioteca musical que reuniera partituras dispersas.

Hacia 1980, el registro plasma otra dimensión de esta función informativa. Aparecen referencias al Comité Editorial de la UAM, a la producción de libros técnicos y científicos, a la apertura de la Galería Metropolitana, con Rufino Tamayo entre sus primeros expositores, y a la definición de una política cultural universitaria. Las expresiones artísticas contaban ya con foros, proyectos y líneas de trabajo que se incorporaban al quehacer de esta Universidad.

Las páginas también dieron cabida a voces que llegaban a la Casa abierta al tiempo para participar en conversaciones sobre distintos ámbitos de la creación. Una entrevista reunió a Elena Poniatowska y Vicente Leñero para abordar el vínculo entre el periodismo y la literatura. En otro número, la proyección de Los olvidados abrió un diálogo con estudiantes y participantes de la película.

La ciencia tuvo cabida en sus páginas. Una conferencia de Aleksandr Ivánovich Oparin, en la Unidad Xochimilco, por ejemplo, convocó a tal cantidad de asistentes que los patios y pasillos recibieron al público. En otro registro, una investigación sobre las chinampas de Iztapalapa apareció junto a información sobre un Cine Club Rotativo. El Órgano Informativo mostraba así una casa de estudios donde la investigación, la cultura y la formación convivían en la Universidad.

Las décadas posteriores ampliaron ese panorama. Los registros de 2012 a 2017 incluyen referencias a la Casa de la Primera Imprenta de América, ferias internacionales del libro, la Red Universitaria de Artes, fotografía, jazz, museos, patrimonio arquitectónico, radio universitaria, periodismo cultural, literatura y nuevos espacios de difusión.

A lo largo de estas ediciones aparecen nombres como Miguel León-Portilla, Elena Poniatowska, Vicente Leñero, José Emilio Pacheco, Manuel Felguérez, Luis Villoro, Arnold Belkin y Juan José Arreola, entre muchos más, cuyas participaciones quedaron registradas en distintos momentos de su acervo.

Más allá de cada acontecimiento, este recorrido muestra el alcance del trabajo periodístico universitario, convertir hechos, resultados de investigación y expresiones culturales en historia. Una investigación, una exposición, un concierto o una conferencia adquieren otra dimensión cuando quedan registrados y llegan a lectores que no estuvieron presentes.

Así, el Semanario permite conocer qué piensa, investiga, crea y debate la comunidad universitaria. Cada edición lleva esos hechos y voces a públicos que no estuvieron presentes y ofrece una mirada a la transformación de la UAM.

En ello radica el valor de un medio universitario: hacer que la ciencia, las artes y las ideas trasciendan los recintos donde nacen. Al conservar sus huellas, sus páginas también construyen una memoria compartida.

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